Apuntes sobre lenguaje y enajenación. Por: Nicolás Castañeda

  1. El lenguaje dejó de ser mero instrumento comunicativo. La historia ha sido reemplazada por el infinito flujo recombinatorio de imágenes fragmentarias. La conciencia y la estrategia políticas se han reemplazado por la recombinación aleatoria ejercida por una actividad precaria y frenética.
  1. Ahora el lenguaje pasó a ser parte del espectáculo. Nuestro “poder de alucinación voluntaria” ha llegado a ese grado de coherencia en el que a partir de ahora todo nos habla de lo que hacemos — y los tiempos mesiánicos no son otra cosa que esto: la reabsorción del elemento del tiempo en el elemento del sentido. Los que creen que son capaces de edificar un mundo nuevo sin construir un lenguaje nuevo se engañan: todo este mundo está contenido en su lenguaje.
  1. El lenguaje es una Mercancía. La fuerza seductora de la simulación transformó formas físicas en puntos de fuga, entregó el arte visual a la propagación viral y vendió el lenguaje subjetivo al régimen falsificado de la publicidad. Al final de este proceso, la vida real desapareció en el agujero negro de la acumulación especulativa.
  1. Las imágenes han sido mediaciones entre el hombre y el mundo. El hombre ek-siste, esto significa que no tiene acceso inmediato al mundo. Las imágenes tienen la finalidad de hacer que el mundo sea accesible e imaginable para el hombre. Pero, aunque así sucede, ellas mismas se interponen entre el hombre y el mundo; pretenden ser mapas, y se convierten en pantallas. En vez de presentar el mundo al hombre, lo re-presentan; se colocan en lugar del mundo a tal grado que el hombre vive en función de las imágenes que él mismo ha producido. Éste ya no las descifra más, sino que las proyecta hacia el mundo “exterior” sin haberlas descifrado. El mundo llega a ser como una imagen, una amalgama de escenas y situaciones. A dicha inversión del papel de las imágenes se le puede llamar idolatría.
  1. El lenguaje ya no es verdaderamente parte de nosotros. Al igual que los medios de producción, el lenguaje pertenece a la burguesía. Lo que nosotros hacemos es meramente usar una representación del lenguaje burgués. A partir de ello, no quedaría más que habitar el mundo, disponer de un reino y perderse sin contención en las inagotables guerras santas, cismas, sectas y herejías, donde la inmanencia del sentido a la vida sería recobrada, donde el lenguaje entraría en contacto con el Ser y el Ser con el lenguaje, donde la metafísica ya no sería un discurso, sino el fecundo tejido de la existencia, donde cada comunidad sería un repliegue dentro de lo Común reapropiado, donde el hombre, renunciando a recubrir su insoluble relación con el mundo mediante la mentira débil y grosera de la propiedad privada, se abriría verdaderamente a la experiencia de la angustia, del éxtasis y el abandono.
  1. Al igual que las mercancías espectaculares, el lenguaje es producido en masa y homogéneamente para suplir la fragmentación de la sociedad. La pugna entre lo textual y lo visual plantea el problema central de la historia: la relación entre texto e imagen. Durante la Edad Media, este problema se identificó con la lucha entre la fidelidad cristiana a los textos y la idolatría de los gentiles. En la época moderna, el problema se encarnó en la pugna entre ciencia e ideología. Es una lucha dialéctica; a medida que la cristiandad combate el paganismo, absorbe imágenes y ella misma se paganiza; a medida que la ciencia lucha contra las ideologías, absorbe imágenes y se ideologiza.
  1. Al ser homogéneo y masivo, el lenguaje va cayendo en la aliteración y por ende perdiendo significado. Este carácter aparentemente no simbólico, “objetivo”, de las imágenes técnicas hace que el observador las mire como si no fueran realmente imágenes, sino como una especie de ventana al mundo. El observador confía en ellas como en sus ojos. Si las critica, no lo hace como una crítica de la imagen, sino de la visión; sus críticas no se refieren a la producción de imágenes sino al mundo “en cuanto visto a través de ellas”. Tal actividad acrítica hacia las imágenes técnicas es peligrosa en una situación donde dichas imágenes están a punto de desplazar a los textos.
  1. El lenguaje, como el resto de las mercancías espectaculares de la sociedad, está alienado. La actitud acrítica es peligrosa porque la “objetividad” de la imagen técnica es una ilusión. Las imágenes técnicas son, en verdad, imágenes, y como tales, son simbólicas.
  1. La responsabilidad del lenguaje es la reproducción de la dominación, aunque no va en el hecho propiamente tal del significado de las palabras que decimos en nuestro día a día (significado que pueda tomar alguna connotación, sexista por ejemplo) sino también una situación de orden sintáctico-gramatical. Uno de los síntomas de esta transformación es la creciente importancia de las vistas aéreas: panorámicas, Google Maps, imágenes por satélite. Nos estamos acostumbrando cada vez más a lo que antes se denominaba la visión del ojo de Dios.
  1. Dice Borges: “Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.” Tal vez en el lenguaje mismo está contenida la onto-teologización del mundo.

Nicolás Castañeda escritor chileno, colaborador usual de las revistas Carcaj, Horizonte y Desinformémonos.

Autor: colapsoydesvio

ig: https://www.instagram.com/colapsoydesvio/

Deja una respuesta