Correo Proletario: selección de artículos a 50 años del Golpe


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Prólogo: El
Correo Proletario , en retrospectiva.

Correo Proletario fue un periódico publicado entre 1973 y 1976. Su primer número apareció una semana antes del golpe del 11 de septiembre, aumentando cierta difusión entre las milicias militantes y entre los combatientes del crimen organizado en los cordones industriales. Además, el periódico desapareció durante más de dos años. Es muy probable que en todos los casos los ejemplares de este primer Correo , así como muchas otras publicaciones del movimiento revolucionario en el mundo, hayan sido destruidos en los días que siguieron al golpe.

Incluso en los momentos más oscuros el Correo empezó a articular varios centenares de militantes en Chile y posteriormente en el exilio europeo, el núcleo más activo y permanente lo formó un grupo de compañeros. Entre ellos destacan, por su trayectoria anterior y por su papel en la redacción del periódico: Jaime Riera, exdirector de El Rebelde, órganodel MIR, quien estuvo distanciado de esa organización durante el primer año de gobierno de la UP; Sergio Zorrilla, que también perteneció al MIR, fue el precursor de la agitación armada de los últimos seis años y ocupó un papel relevante en la aurora boreal del país antes del golpe de 1973; Alejandro Alarcón, un joven líder sindical de la industria textual de Tomé que se convirtió en miembro de los medios de comunicación en 1972, fue miembro electo del Consejo Directivo Nacional de la CUT, en representación del Frente Revolucionario de Trabajadores (siendo el único líder sindical que pudo formar parte de este sindicato central); Helios Prieto, cofundador en Argentina del Grupo Obrero Revolucionario y luego del Partido Revolucionario de los Trabajadores al que se unió Mario Roberto Santucho, y emigró a Chile tras la fuga y masacre de presos políticos en Trelew en agosto de 1972; Roberto Santana, ex militante del PC que conoció la realidad de Cuba en los años posteriores a la revolución, se trasladó al MIR, brindando asistencia técnica a la Comisión Militar y convirtiéndose en líder activo del Movimiento Campesino Revolucionario; Ernesto Rojas, ex militante del PC que ha transitado por una posición libertaria y comprometida con la autonomía nacional; Luis Fernández, periodista español que emigró a Chile. Alrededor de este núcleo existían grupos de militantes revolucionarios con diferentes enfoques, como Edmundo Magaña, [1]los que a principios de los años setenta han estado vinculados a la VOP; así como revolucionarios mexicanos, españoles, brasileños y peruanos que encontraron refugio en Chile.

Al publicar el primer número de Correo Proletario apenas un día antes del Golpe de Septiembre de 1973, sus editores dedicaron los siguientes cuatro años a proponer el periódico como un medio para sumarse a una tendencia revolucionaria que podría tener lugar dentro y fuera de Chile. En el itinerario del Correo Proletario se pueden distinguir tres períodos: el primero, antes de la catástrofe de septiembre de 1973; el segundo, de la diáspora que siguió al golpe, ha sido publicado en el exilio en el número 4 del periódico en septiembre de 1976; y el tercero, de definiciones orgánicas y resolución de la tendencia al finalizar el año decimoséptimo.

Antes de ser un periódico, Correo Proletario tuvo una idea que circuló en la cabeza de algunas décadas de militantes de Estados Unidos que se habían distanciado de sus respectivas organizaciones políticas, por distintos motivos que coincidían en un tema central: a finales de 1972. Todos piensan que los partidos de la UP se han vuelto incapaces de encarnar ninguna ambición revolucionaria, mientras el MIR oscila entre un discurso maximalista y una práctica conciliadora que ha desconcertado cada día a sus seguidores. En otras palabras: la vida en el aula había creado un vacío político y teórico que era necesario abordar. En las primeras líneas del primer número de Correo Proletario se puede leer :

«Correo Proletario surge en una etapa política crucial para los intereses de la clase obrera y del proletariado en general. Una etapa en la que reaccionarios y reformistas por un lado y demagogos e irresponsables por el otro, preparan y condicionan una ofensiva que podría conducir a «El movimiento oscuro, ocupa su lugar legendario y destruye sus sindicatos. Esta situación política en este surgimiento, desde su significado y el tenor de sus acciones para el Correo Proletario

Los dos años siguientes al Golpe de septiembre, fueron de duros esfuerzos por salvar la vida, tratar de salvar a quienes aún no tenían asegurada su supervivencia y tratar de rearticular una actividad política bajo las nuevas condiciones. Helios Prieto, tras pasar un tiempo detenido en el Estadio Nacional, de donde pudo salir debido a las gestiones consulares de su esposa, consiguió rescatar el manuscrito de su libro y huir a Argentina, desde donde tuvo que volver a huir un par de años después. Alejandro Alarcón logró salir del campo de prisioneros de Chacabuco a fines de 1974, gracias a una campaña internacional organizada por sus compañeros en el exilio, que incluso llevó a la OIT a emitir un reclamo formal al régimen de Pinochet. Jaime Riera pasó alrededor de un año detenido, también en Chacabuco, antes de abandonar el país. Sergio Zorrilla, el más buscado del grupo por los organismos de seguridad, consiguió a duras penas evadir los controles militares antes de refugiarse en una embajada.

El empeño por reconstruir la red de vínculos que había empezado a tejerse en Chile quedó reflejado en el artículo central del segundo número de Correo Proletario, publicado en Londres en noviembre de 1975, y dedicado a precisar la trayectoria, la perspectiva y la identidad de “la tendencia. Allí quedó también de manifiesto la voluntad del grupo de producir un balance político del ascenso y caída de la UP, en el cual tendría un papel crucial el examen detallado del desarrollo histórico del movimiento obrero y de su papel en la “vía chilena al socialismo”. Este análisis concluía, de forma lapidaria, que la derrota del movimiento obrero se había debido a su insuficiente autonomía respecto de las políticas erráticas del gobierno UP, con la consiguiente ausencia de una vanguardia proletaria capaz de articular una estrategia propia de la clase obrera. Dicha estrategia no implicaba necesariamente una contraofensiva armada -idea que circulaba en una parte de la izquierda revolucionaria en los meses previos al golpe-, sino más bien impulsar la lucha económica del conjunto de la clase trabajadora, fortaleciendo sus sectores decisivos -como los enclaves mineros-, a fin de avanzar hacia una situación de doble poder. Con este planteamiento, Correo Proletario se distanciaba tanto de los partidos de la UP, que propugnaban una política de reformas consensuadas con la burguesía (ignorando o minimizando su vocación golpista); como también del MIR, cuya cúpula dirigente proponía darle “apoyo crítico” al ejecutivo mientras abogaba por una contraofensiva armada que tenía poca o ninguna viabilidad real.

Desde luego, proponer dicho balance en el exilio a fines de 1975 estaba lejos de ser un simple gesto teórico. Era, sobre todo, una toma de posición política que le valió a la tendencia Correo Proletario la enemistad de los jefes de la UP en el exterior, quienes hicieron esfuerzos tenaces por aislarla e impedir que influyera en la militancia obrera de sus partidos. Por su parte, los grupos que durante esos años se fueron articulandop en torno al Correo en varios países de Europa, evitaron entrar en confrontaciones directas con esas jefaturas políticas y se concentraron en profundizar el análisis y la discusión. Ellos pensaban que la lucha no podía limitarse a denunciar a la dictadura de Pinochet y a buscar la restauración democrática, sino que debía procurar, por sobre todo, establecer una base teórica y política que sirviera a la recomposición de un movimiento obrero capaz de imponer su independencia de clase.

La actividad de “la tendencia” en el exilio fue, así, una continuación de la actitud autonomista que había tenido en Chile antes del golpe, negándose a gastar sus pocas fuerzas en acuerdos democráticos para crear “frentes antifascistas” que, en el mejor de los casos, aspiraban a volver a la situación anterior a 1973 pero sin un movimiento obrero revolucionario; tampoco se trataba de retornar a Chile para activar focos guerrilleros que no encontrarían ningún arraigo en una población sometida a un ataque económico y político implacable. Lo que Correo Proletario buscaba, dentro de sus estrechas posibilidades, era llenar el vacío que la izquierda había dejado al reemplazar el análisis por la retórica y la lucha de clases por el lucharmadismo. En cierto sentido, este era un afán extemporáneo. Lo había sido antes del golpe, y lo siguió siendo después. En una conversación hace algunos años, uno de los redactores del Correo lo hizo ver con estas palabras:

«Nosotros pensábamos que lo mejor que podía pasar era que Allende terminara su período presidencial, y así ganar tiempo para que el movimiento obrero continuara su proceso de clarificación y fortalecimiento propio, a través de los órganos que ya había puesto en marcha: los cordones industriales, los comités, los círculos de estudio. Si hubiéramos tenido tan sólo un año más para continuar ese proceso, otro gallo cantaría.»

Por su parte, Roberto Santana, quien se había unido al entorno de Correo Proletario justo antes del golpe, expresó esa misma voluntad en un escrito autobiográfico:

«Terminada dramáticamente la experiencia de la Unidad Popular, pasé un buen tiempo acusándome a mi mismo de la absurdidad de haber renunciado al análisis político público al calor de la actividad práctica, de no haber trabajado sistemáticamente para llevar al debate público la confrontación entre análisis social y prácticas políticas.» (Roberto Santana, «Militante sin anteojeras»)[2]

Estas preocupaciones quedaron plasmadas en las actividades y discusiones de los grupos de Londres, París y Turín, así como en sus comunicaciones con otros núcleos repartidos por Europa, durante 1975. Los informes escritos de esas discusiones fueron finalmente recopilados en un Boletín que circuló internamente a inicios del año siguiente, donde se analiza la situación del movimiento obrero en Chile, la descomposición de la militancia emigrada y la necesidad de hacer avanzar en ese contexto la tendencia Correo Proletario. Asimismo, en los informes de actividad de los grupos se critican los métodos organizativos de los partidos burocráticos, y se definen las condiciones para la formación teórica y para la discusión sobre la cuestión del partido, temas vistos como prioritarios en ese momento.

Todo esto no significa en absoluto que la tendencia política expresada en el Correo estuviera pensando únicamente en cómo seguir existiendo en el exilio, sin involucrarse en la recomposición del movimiento obrero dentro de Chile. Por el contrario, al mismo tiempo que agudizaban sus análisis sobre la lucha de clases, sobre la cuestión agraria y el desarrollo del movimiento obrero en este país, los redactores del periódico impulsaron frecuentes reuniones internacionales y trataron de abrir vías de comunicación directa con sectores organizados de la clase trabajadora chilena. Así que, mientras abordaban en profundidad esos temas en los números 3 y 4, intensificaron a su vez los contactos con sindicatos de obreros portuarios, profesionales de la salud y otros gremios que resistían dentro del país. Ese empeño llegó incluso a traducirse en que se conformase una franja sindical que se reconocía en los planteamientos del Correo, y que recibió copias microfilmadas de los cuatro números publicados hasta entonces (no hemos podido averiguar si esos microfilms llegaron a convertirse en copias impresas en papel que circularan dentro de Chile, lo cual es posible pero difícil de probar).

El hecho de que en 1976 hayan aparecido dos números del periódico y un extenso boletín de discusión interna, con intervalos de apenas cuatro meses entre sí, da fe de la intensa producción teórica de ese período y de cómo la propia actividad de los grupos les estaba empujando a interrogarse sobre el sentido de su existencia como corriente política. A Correo Proletario se le hacía ineludible producir definiciones orgánicas sobre su propia función y su vida futura. Esto tenía que ver con la situación de «la tendencia» dentro de la emigración izquierdista en Europa, pero sobre todo con su posición respecto del movimiento obrero -o lo que quedaba de él- dentro de Chile.

Durante 1976 algunos sindicatos vinculados al Correo Proletario protagonizaron en Chile acciones reivindicativas y de protesta de poca envergadura, pero exitosas dentro de sus limitados alcances. Pese a ello, las circunstancias adversas dificultaban enormemente que la tendencia consiguiera vincularse de manera estable con grupos de trabajadores en Chile, sobre todo por la gran dificultad que entrañaba comunicarse bajo condiciones de clandestinidad y repliegue generalizado de la militancia obrera. Esta situación llevó a muchos participantes activos de la tendencia a preguntarse qué sentido tenía perseverar en una agitación que llegaba casi exclusivamente a la militancia izquierdista exiliada, sin poder vincularse con la clase obrera de la que, y a la que, se estaba hablando. Uno de ellos, al ser entrevistado, lo explicó así:

Nuestra postura era anti-leninista, estábamos contra la idea leninista de una vanguardia de intelectuales que dirige al movimiento obrero desde afuera. Y nuestra actividad en el exilio tendía justamente a eso, entonces estábamos en una tremenda contradicción: o nos volvíamos a Chile y reconstruíamos la tendencia en la clandestinidad, o dábamos por terminado todo.

En lo sucesivo esa contradicción no haría más que agudizarse, y en ausencia de condiciones que hicieran posible un retorno organizado a Chile, terminó por hacer implosionar los esfuerzos de continuidad que la tendencia se había planteado. El resultado fue que tras la intensa actividad efectuada en los dos años anteriores, en 1977 el núcleo redactor del Correo abandonó ese empeño.

 

Acá dejamos los títulos que conforman esta selección de artículos:

1-La lucha de clases en Chile bajo el gobierno de la Unidad Popuplar.
2-Seguridad nacional ¿para quién?
3-Los discursos de Figueroa y Allende y las tareas de los obreros revolucionarios.
4-Entrevista a Abraham Rojas.

[1] Aunque Edmundo Magaña dedicó la mayor parte de su actividad a la investigación antropológica de campo, y a la defensa de los animales como sujetos de derecho, en 1975 -mientras en el exilio trataba de insertarse en algún tipo de actividad política acorde con sus ideas- escribió junto a su compañera Fabiola Jara, un ensayo titulado El rol del lumpen-proletariado en Chile (1970-1973), publicado por primera vez en los Excursos de la revista 2&3Dorm, en 2017. En esa publicación se encuentra una informativa reseña biográfica y política de Magaña.

[2] https://www.robertosantanaulloa.com/chile-memorias-incompletas

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LA LUCHA DE CLASES EN CHILE BAJO EL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR

Antonio Soto
Publicado en Correo Proletario # 1, primera quincena de septiembre de 1973

¿Qué está ocurriendo en Chile? ¿El enfrentamiento entre la UP y los partidos de oposición es una manifestación de la lucha de clases del proletariado contra la burguesía, o una lucha entre distintas fracciones de la burguesía, una de las cuales pretende asumir la representación del proletariado? Para responder estas preguntas debemos buscar, detrás de las declaraciones de los partidos y sus dirigentes, detrás de los intereses ma­teriales que se defienden. Los politiqueros nunca dicen la verdad. Nadie que aspire a una banca de senador o diputado puede decir, por ejemplo —al menos en la situación que se vive en nuestro país, en el que las grandes masas tienen aspiraciones socialistas— que defiende los intereses de los capitalistas contra los trabajadores (hasta Patria y Libertad dice estar contra el capitalismo). Si el que habla es un político UP no dirá que quiere evitar la lucha de clases, desviando por el camino de la conciliación para defender la estabilidad del capitalismo (aunque veremos enseguida que en los momentos de grave crisis el mismo Allende se ve obligado a decirlo con bastante claridad). La clase obrera tiene que aprender a descubrir por detrás de las declaraciones de los políticos los verdaderos intereses de clase que estos defienden, y para eso no hay mejor modo que contrastar esas declaraciones con los hechos y, en especial, con los hechos económicos. Como decía Lenin, a los reformistas hay que mirarles las manos cuando hablan, no prestar tanta atención a sus palabras sino a lo que hacen.

 

Carácter del gobierno UP

En su discurso del 25 de Julio ante la CUT, Allende hizo una declaración sorprendente por su crudeza: “ESTE PAÍS VIVE UNA ETAPA CAPITALISTA”. Por una vez, sus palabras coincidían rigurosamente con los hechos. La necesidad de recomponer su acuerdo con la DC lo obligaba a dejar de lado toda la verborragia “revolucionaria” y a llamar a las cosas por su nombre. En efecto, la UP no ha tocado las relaciones de producción capitalista, sólo ha desarrollado el capitalismo de estado dentro de los límites propuestos —como veremos más adelante— por el partido más representativo de la burguesía industrial chilena, la DC; aunque para engañar a las masas le haya puesto al sector estatal de la economía capitalista el atractivo nombre de “Área Social”. Para constituir este sector perjudicó a algunos monopolios internacionales y capitalistas chilenos, lo que siempre hace cualquier gobierno capitalista cuando incorpora al Estado las empresas que —para posibilitar un mejor desarrollo del capitalismo en los países dependientes— no deben continuar en manos privadas. Si echamos un vistazo a todos los países de América Latina, veremos que muchos gobiernos capitalistas hicieron lo mismo, y eso no convirtió a Perón, Getulio Vargas, Paz Estenssoro y otros, en “revolucionarios proletarios”. Al contrario, creó las condiciones para un nuevo desarrollo del capitalismo nacional y una alianza más ventajosa para la burguesía y el imperialismo. Los obreros argentinos, brasileños, bolivianos y otros, están pagando hoy las consecuencias de sus ilusiones reformistas y nacionalistas.

Lo que diferencia a las estatizaciones socialistas de las burguesas, es el tipo de Estado que las efectúa y quién tiene el control y la gestión de las empresas. Que el Estado chileno es un Estado burgués (el único tipo de Estado proletario posible mientras exista el imperialismo es la dictadura del proletariado), lo han reconocido en sus discursos y declaraciones todos los líderes de los partidos de la UP; y hoy ya nadie puede llamarse a engaño sobre quién administra las empresas estatales (ver, por ejemplo, la carta de renuncia de un obrero comunista a la administración de la mina El Teniente, publicada en este número).

Por otra parte, el gobierno ha pagado miles de millones de dólares de indemnización a los monopolios extranjeros y nacionales, en infinidad de casos en condiciones más ventajosas que las que rigen habitualmente en el mercado internacional. Un estudio de los investigadores del Instituto de Economía de la Universidad, todos ellos de la UP, detalla estas indemnizaciones, pero nadie lo ha dado a publicidad porque hay un punto en el que están de acuerdo todas las fracciones de la burguesía chilena, las opositoras y la UP: preservar las buenas relaciones con el capital financiero internacional y mantener al proletariado ignorante de estas tratativas leoninas con el imperialismo, para que no sepa que una de las fuentes de sus actuales padecimientos reside en la enorme sangría de divisas que han significado para el país las indemnizaciones. Cuando la clase obrera esté en condiciones de efectuar un balance de todo lo que le ha costado este experimento llamado “Vía chilena al socialismo” será demasiado tarde[1].

La política del gobierno en el campo (ejecución de la Reforma Agraria Democristiana), ha fortalecido al capitalismo agrario. Ha eliminado la clase terrateniente, los propietarios que viven de la renta de la tierra, pero les ha dado todas las facilidades para convertirse en capitalistas agrarios (explotadores de la plusvalía producida por los obreros rurales). Les ha dejado 80 hectáreas de riego básico y todos los bienes de capital (instalaciones, herramientas y maquinarias) y encima los ha indemnizado por las tierras expropiadas. En estas condiciones, la mayor parte de los antiguos terratenientes se han convertido en modernos capitalistas agrarios que han concentrado las máquinas y herramientas en una extensión menor de tierra pero aplicando métodos intensivos de explotación y contratando obreros rurales. Ha desaparecido el terrateniente improductivo, para dejar su puesto al capitalista “productivo”, que hace trabajar bajo su mando a los obreros rurales. Durante el gobierno de Frei las luchas de clase obrera contaron con el telón de fondo de una amplia movilización de campesinos pobres e inquilinos que luchaban por la tierra. Hoy, gracias a “su” gobierno, la clase obrera ha perdido este aliado. Con la Reforma Agraria UP-DC, los antiguos campesinos pobres e inquilinos se han transformado en pequeños propietarios rurales, es decir, todo punto de vista indiferente si los títulos de propiedad de la tierra son individuales o se entregan en forma colectiva a las cooperativas y asentamientos, en ambos casos se entrega la tierra en propiedad privada, individual o cooperativa, al campesino), y los pequeños propietarios rurales son elementos hostiles al proletariado y su revolución y la fuente principal que abastece al mercado negro de alimentos.

Nosotros partimos de los hechos económicos, comprobables, indesmentibles y ellos muestran que, bajo el gobierno UP, Chile es el paraíso de la mediana y pequeña burguesía, industrial, agraria y comercial, y de los funcionarios: la burocracia burguesa del Estado. El gobierno de la UP, por su gestión económica, es el gobierno de la mediana y pequeña burguesía y de la burocracia burguesa.

Un análisis de la política financiera de la UP, que publicaremos en nuestro próximo número, lo muestra aún más claramente.

 

El bloque histórico que gobierna Chile desde noviembre de 1970

El Gobierno de Frei fue el primer intento de la burguesía chilena de efectuar algunas reformas que posibilitaran el desarrollo del capitalismo que, como lo han demostrado ya varios economistas, estaba relativamente estancado. Las reformas debían darse en dos campos: “modernizar” el campo, obligando a los terratenientes a convertirse en capitalistas agrarios y creando una amplia clase de pequeños propietarios rurales para aumentar la producción agrícola e incorporar al mercado de consumo capitalista a las masas rurales; y recuperar parte de la plusvalía que, en lugar de convertirse en capital chileno, se llevaban las empresas imperialistas del cobre, hierro, carbón, salitre, y otras. Para cumplir este programa el gobierno de Frei tuvo un obstáculo insalvable: el control de su aparato político y económico estaba en manos de la alta burguesía chilena, tradicionalmente aliada al imperialismo y a los terratenientes, y limitaba, suavizaba, todo intento de reforma audaz que pudiera lesionar sus relaciones con sus aliados. Así la Reforma Agraria avanzó muy poco y se pudo llegar sólo a los intentos de “chilenización” del cobre.

El “Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular”, en el capítulo “La construcción de la nueva economía”, planteaba:

“El proceso de transformación de nuestra economía se inicia con una política destinada a construir un área estatal dominante, formada por las empresas que actualmente posee el Estado más las empresas que se expropien. Como primera medida se nacionalizarán aquellas riquezas básicas que, como la gran minería del cobre, hierro, salitre y otras, están en poder de capitales extranjeros y de los monopolios internos. Así, quedarán integrando este sector de actividades nacionalizadas las siguientes:

1)    La gran minería del cobre, salitre, yodo, hierro y carbón mineral;

2)    El sistema financiero del país, en especial la banca privada y seguros;

3)    El comercio exterior;

4)    Las grandes empresas y monopolios de distribución;

5)    Los monopolios industriales estratégicos;

6)   En general, aquellas actividades que condicionan el desarrollo económico y social del país, tales como la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados, incluido el gas licuado; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y química pesada, la celulosa, el papel.

Todas estas expropiaciones se harán siempre con pleno resguardo del interés del pequeño accionista.”

Y más adelante, en el apartado “El área de propiedad privada” dice: “Estas empresas en número serán la mayoría. Así, por ejemplo, en 1967, de las 30.500 industrias (incluyendo la industria artesanal), sólo unas 150 controlaban monopólicamente todos los mercados, concentrando la ayuda del Estado, el crédito bancario y explotando (?) al resto de los empresarios industriales del país vendiéndoles cara la materia prima y comprándoles baratos sus productos”.

A dos años y medio de gobierno, la UP no ha cumplido y nada parece indicar que cumplirá, con este programa de reforma burguesas. Una parte importante de los seguros, el comercio exterior, las grandes empresas y monopolios de distribución, el transporte, el gas licuado, la química pesada, la celulosa y el papel, continúan en manos privadas.

En el segundo párrafo que citamos se fija el número aproximado de empresas que pensaba expropiar la UP (150), afirmando que explotaban’ a los 30.350 empresarios privados restantes. ¡Pobre burguesía nacional explotada! ¡En esta ideología al gusto de la burguesía transforman el marxismo los burgueses, masones y burócratas de la UP!

Como vemos, era todo un programa burgués nacionalista, que coincidía, en todos sus términos con las necesidades de la burguesía chilena. Este programa era prácticamente idéntico al levantado por la DC. Para ahorrarnos extensas citas veamos solamente lo que dice Corvalán en “Corvalán 27 horas”, editado por Quimantú: “Está claro que la candidatura de Tomic se perfiló como una candidatura antiderechista”, y más adelante: “El reconocimiento de la victoria de Allende, en consecuencia, no es un simple acto de generosidad de los democristianos, como algunos de sus dirigentes han querido presentarla”.

¡Por supuesto que no! Aquí el único acto de generosidad fue el del proletariado que le prestó a la enclenque burguesía chilena su fuerza, su vigor, para que cumpliera con sus objetivos de clase.

Por último Corvalán dice: “Pero me parece que todavía más impor­tante y de gran influencia en los acontecimientos posteriores a la elección fue el hecho que la candidatura de Tomic haya levantado la consigna de la nacionalización por ley del cobre. El cobre fue nacionalizado por ley constitucional”, (pág. 60).

Por otra parte el alto mando del ejército de Chile, como una buena parte de sus similares latinoamericanos, venía orientándose en una tendencia nacionalista similar, ya antes de 1970. Ver, por ejemplo, los documentos del alto mando y los estudios efectuados por la Rand Corp., y la Fundación Ford, publicados en el número 21 de la revista “Causa ML”.

Como dice el inefable Corvalán, el apoyo de la DC en el Congreso Pleno a la candidatura de Allende no fue un “simple acto de generosidad. Los burgueses son muy prácticos y no se dejan amedrentar por la fraseología “socialista”, incluso la usan. Hoy, todo dirigente burgués que se respete en el mundo se proclama “socialista”. Naser y todos los dirigentes del medio oriente, Perón, Velasco Alvarado y tantos otros. La burguesía nacional necesita, para cumplir con sus objetivos nacionalistas, para regatear con su socio imperialista, el apoyo, la fuerza del proletariado. En Bolivia, Brasil, Argentina, Perú, etc., consiguió ese apoyo (hoy, algunos de esos países tienen un “área social” tan grande como la chilena) creando nuevos movimientos nacional-populistas. En Chile lo intentó primero con Ibáñez, luego con Frei, fracasó porque la clase obrera chilena permaneció fiel a su ideario socialista y a los partidos que considera como “suyos”. Era necesario entonces, para cumplir ese programa, un bloque, un acuerdo, con esos partidos.

La burguesía ha creado un organismo destinado a constituir los bloques de clases y fracciones de clases que necesita para cumplir sus objetivos, para resolver pacíficamente los antagonismos de clase y garantizar que la lucha de clases no se escape de su control. Ese organismo es el parlamento. Esto es el ABC del marxismo pero en Chile constituye o una novedad o no se saca de aquí las conclusiones inevitables porque los demócratas pequeño-burgueses del PS y el PC han enfermado de “cretinismo parlamentario” a amplios sectores de nuestra clase obrera y a la totalidad de nuestra intelectualidad. Es allí, en el parlamento donde se constituyó el bloque de clases que hoy todavía gobierna el país. Fue en octubre de 1970 y se llamó “Estatuto de garantías democráticas”, documento por el cual su excelencia, don Salvador Allende Gossens, fue elevado a la primera magistratura de la República.

 

La “lucha de clases” desde 1970 hasta hoy

 El acuerdo DC-UP, permitió que la alta y mediana burguesía, representadas por el PDC y la mediana y pequeña burguesías UP, a las cuales debe sumarse, distribuida en ambos partidos, la burocracia burguesa del Estado (civil y militar), cogobernaran el país con el apoyo de la clase obrera. La astucia diabólica de la “Democracia Cristiana”, consiste en lograr que la UP ponga la cara en el enfrentamiento con algunos monopolios extranjeros y nacionales, para pasarlos al Estado burgués, mientras ella, la DC conserva su base social burguesa y, aprovechando las contradicciones que desata el “proceso de cambios”, la amplía en sectores campesinos y obreros preparándose para recuperar en gloria y majestad el gobierno en 1976 o antes. Al mismo tiempo establece las alianzas que considera necesarias con el partido de los terratenientes en crisis y de otro sector de la alta burguesía, el PN, para mantener el “proceso de cambios” dentro de los límites que convienen a la burguesía.

La existencia de este bloque ha sido reconocida por el mismo Allende, cada vez que ha señalado que la permanencia y estabilidad de su gobierno se debe a la “lealtad” de las FF. AA. (y carabineros e investigaciones, por supuesto) y a la “vocación democrática del partido mayoritario de Chile”, el PDC. Cada vez que las contradicciones desatadas pusieron en peligro la estabilidad del gobierno, los DC corrieron a fortalecerlo, provocando la irritación de los sectores de la alta burguesía que consideran la existencia del gobierno UP, perjudicial para sus intereses. Así ocurrió en Octubre de 1972 (dejemos de lado la fraseología anti UP de la DC destinada a conservar su base social y veamos: no hay en ese mes crítico una sola declaración golpista del PDC, al contrario, este partido hizo esfuerzos por limitar las movilizaciones y usarlas para obtener, dentro del bloque, conce­siones para su propia política), y después del “tancazo” de junio del 73, (diálogo Allende-Aylwin).

Este bloque cuenta con inmejorables condiciones internacionales, para desarrollarse. Se produce en momentos en que la “coexistencia pacífica” entre el imperialismo y los llamados países socialistas se ha transformado en abierta colaboración y mutuo acuerdo para el reparto de zonas de influencia en el mundo. Los líderes de ambos bloques están interesados en eliminar todos los conflictos de clases en el mundo para dedicarse a comerciar y obtener mutuas y ventajosas inversiones. Mientras la URSS invita a las compañías imperialistas en su territorio, presiona a los partidos comunistas para que eviten “romper el equilibrio” mundial de fuerzas (luego de treinta años de heroicas luchas el pueblo vietnamita se ha visto obligado por las presiones de sus “amigos” y la falta de asistencia militar a aceptar una tregua y una nueva partición de su territorio; la guerrilla palestina es atacada, aislada y debilitada por los gobiernos aliados a la URSS en medio oriente; Cuba ya no fomenta guerrillas en Latinoamérica y establece buenas relaciones con cuanto gobierno burgués populista existe; China se incorpora a la coexistencia luego del viaje de Nixon a Pekín, etc.). El acuerdo de los PC con los partidos democristianos y la iglesia católica juega un papel preponderante en todos los países donde estos partidos existen, tienen alguna importancia y por tanto posibilidades de influir: en Alemania Willy Brandt cuenta con el apoyo de ambas fuerzas, en Italia surge una nueva alianza entre ellas, en Uruguay y Argentina integran un frente electoral común. Pocos días antes del “tancazo” se produjo en Italia una reunión de la que participaron Fuentealba y las direcciones del PC y el PDC italiano para “discutir” la situación chilena ¡mientras en Chile algunos idiotas útiles de la ultraizquierda creían en la inminencia de la guerra civil o la insurrección proletaria!

Este bloque de fuerzas se asienta sobre una situación inestable, de allí su carácter tan contradictorio. En primer lugar para cumplir con los objetivos de su programa la burguesía, necesitó del apoyo de la clase obrera. Pero, ¡estos obreros son tan díscolos e indisciplinados, tan economicistas! En lugar de limitarse a tomar las fábricas y fundos que desde sus escritorios, con compás y tiralíneas, habían planificado los burócratas para “abrir el camino al socialismo”, procedieron a la “ocupación indiscriminada”, y, como resultado de ello, en lugar de las 150 fábricas que debían integrar el “área social”, según el programa UP, o las 91 según los acuerdos de caballeros establecidos posteriormente entre los aliados, ya se han tomado más de trescientas. La imposibilidad de los reformistas de “meter en vereda” a los obreros, su renuncia a reprimirlos para no perder su base social, constituye una de las fuentes de roces entre los aliados del bloque y de allí que la principal exigencia DC sea la de imponer la paz y el orden social, cosa que “su excelencia” quiere hacer mediante el convencimiento y continuas declaraciones a la “conciencia de clase”, pero que los DC prefieren encomendar a las FF. AA. y sus brutales métodos represivos. La lucha de clase de los obreros no ha encontrado la posibilidad de expresarse en forma independiente, a través de un partido propio, de extensión nacional, pero se ha manifestado en forma impetuosa cada vez que los obreros han podido escapar al control de sus direcciones o aprovechar los resquicios que la coyuntura política les ofrecía (como sucedió el 29 de junio, cuando los reformistas muertos de susto, les pidieron que se tomaran las fábricas para defenderlos; hoy todavía están luchando por recuperarlas para devolvérselas a “sus legítimos propietarios”).

Por otra parte, sectores numero­sos de la burguesía y en especial de la pequeñoburguesía “han perdido la paciencia”. Cumplido a fines de 1971 el programa de nacionalizaciones y de reforma agraria que el capitalismo necesitaba para su mejor desarrollo, estos sectores desataron su sostenida ofensiva que se viene desarrollando desde la “marcha de las cacerolas” hasta hoy día. Esta ofensiva se basa en tres factores:

1) la política econó­mica de la UP que reseñamos más arriba permitió a estos sectores acumular una cantidad de dinero sin igual en la historia de Chile, pero para que este dinero se transforme en capital (se destine a comprar medios de producción y fuerzas de trabajo) es necesaria tranquilidad social, los nuevos ricos no se deciden a transformarse en capitalistas industriales por la amenaza permanente de la clase obrera que sobrepasa los límites que quiere fijarle la UP, se dedican entonces a acumular dólares o mercancías, pero conscientes de que esta es una solución transitoria. Nadie tiene más interés por terminar con el capital especulativo que la propia burguesía que necesita del orden social para reproducir su régimen. Gracias a la UP, miles de pequeños comerciantes e industriales enriquecidos avizoran la posibilidad de lograr su sueño: convertirse en respetables capitalistas, se vuelven entonces enfurecidos contra la clase obrera y el gobierno UP, como la serpiente que muerde la mano que la alimenta.

2) Sectores burgueses importan­tes se sienten amenazados por el bloque. Por ejemplo los transpor­tistas (Ver artículo de A. Buendía en este número.)

3) Como clase, el proletariado chileno está más indefenso que nunca para resistir la ofensiva burguesa. En primer lugar, porque ha tomado como su tarea fundamental la producción, dejándole el campo de la lucha política a las fracciones de la burguesía y al ejército; sobre todo a partir de octubre, mes en que el reformismo presentó como un triunfo lo que fue una derrota del movimiento obrero que a partir de entonces quedó confinado a las fábricas y a la producción, mientras la lucha política y el gobierno quedaban en manos de los militares burgueses. En segundo lugar, porque el reformismo ha culminado su labor de desorganización del proletariado con una política salarial destinada a contener la inflación, bajando el salario real de los trabajadores; esto ha separado a los obreros politizados de las masas, los ha llevado a convertirse en vulgares “patos blancos” y ha arrojado y arrojará a contingentes de masas bajo la influencia de la DC, que ahora, en la oposición, puede permitirse el lujo de apoyar las demandas económicas. ¡Total sabe que los Intereses generales de la burguesía están bien resguardados por el gobierno!

La lucha desatada por la pequeña burguesía contra el gobierno está fortaleciendo dentro del bloque de clases, la posición de la alta burguesía que aprovecha toda la energía desplegada por las masas pequeñoburguesas opositoras en las movilizaciones, los justos reclamos salariales de los obreros, los intentos golpistas de la oficialidad reaccionaria, para conquistar la hegemonía del bloque de clases, para cercar a la UP y forzarla a cumplir su labor de gendarme del movimiento obrero. Desde 1970 hasta el 29 de junio de 1973, la pequeña burguesía y la burocracia burguesa de “izquierdas” tuvieron hegemonía en el bloque y retrocediendo, haciendo concesiones una vez al movimiento obrero, otra a la alta burguesía, lograron imponer su política. Pero la pequeño burguesía no puede dirigir los destinos de un país capitalista por mucho tiempo, sólo puede hacerlo cuando la burguesía necesita de su “radicalismo” para impulsar reformas o engañar al movimiento obrero. Cumplido el programa de reformas, la alta burguesía arrojará a la pequeña como un limón exprimido o la obligará a arrastrarse hasta 1976 cumpliendo fielmente su programa de estabilización, ordenamiento y paz social. Los días del Allende imponente, seguro de sí, bravucón, han terminado, para, al finalizar su mandato, verlo convertirse en un viejito inseguro, dócil al mandato de sus amos.

En este trabajo hemos «analizado el fenómeno principal que determina las luchas de clases en el período de gobierno UP: la existencia de un bloque de clases y sectores de clases burgués, pequeño burgués, burocrático y campesino, al interior del cual se han dado las luchas principales y en las cuales la clase obrera ha sido utilizada para conseguir los objetivos de otras clases. Este no nos permite todavía comprender cada uno de los fenómenos ocurridos, para los cuales nos proponemos hacer un análisis especial en los próximos números, pero es el fenómeno central que nos permite comprender el fracaso de la “revolución del vino y la empanada”, fenómeno que deforman cuidadosamente los panegiristas del bloque de clases.

[1] Cuando este trabajo estaba redactado, Almeyda y Orlando Letelier viajaron a Lima para entrevistarse con enviados del gobierno de EE. UU. para arreglar todos los asuntos pendientes, INCLUSO LAS INDEMNIZACIONES A LA KENNECOTT Y ANACONDA.

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SEGURIDAD NACIONAL ¿PARA QUIÉN?

Aureliano Buendía
Publicado en Correo Proletario # 1, primera quincena de septiembre de 1973

Cuando en los primeros días de Agosto la Unidad Popular aceptó dialogar con la Democracia Cristiana, no se trataba simplemente de eliminar las posibilidades de un golpe militar y de encontrarle una salida democrática a la crisis que afecta a nuestro sistema económico y político, tal y como lo explicó Allende, sino que fuerzas más profundas eran las que empujaban a estas conversaciones.

Agosto se abrió con una serie de angustiosos llamados desde distintos sectores de la burguesía clamando para que se efectuara un diálogo entre los sectores democráticos del país y el Presidente de la República. Bajo esta puesta en escena, Aylwin, el representante de la burguesía, acudió a La Moneda tratando de asegurar el armónico desarrollo del capitalismo en el país.

Las conversaciones con Allende versaron fundamentalmente en cómo encarar las tareas burguesas más urgentes que reclamaba el deterioro económico nacional. A saber:

  1. Reglamentar el Área Social, mediante la aprobación de la Reforma Constitucional Hamilton-Fuentealba.
  2. Evitar el despilfarro en la Ad­ministración Pública y en las relaciones de ésta con el proceso económico directo (CORFO, ODEPLAN, etc.) realizando un mayor control sobre los funcionarios -los llamados mandos medios- otorgando esta facultad a las Fuerzas Armadas.
  3. Controlar severamente a aquellos sectores de la izquierda, de la clase trabajadora, de los estudiantes y pobladores donde el simple mandato de los partidos de la Unidad Popular ya no surtiera efecto.
  4. Buscar la solución a todos los problemas gremiales que, comenzando por el paro de camioneros, ya comenzaba a afligir a la población del país.
  5. Establecer las bases para el desarrollo coherente y armónico del capitalismo en el país, promulgando y ejecutando una serie de medidas que acompañaran a la Reforma Constitucional y asegurara su cumplimiento.

Al revisar todos estos puntos podemos entrever que la UP ya había desarrollado al máximo todas las posibilidades que le entregaba su programa y que la burguesía, la fuerza que le permitió cumplir todas estas medidas a lo largo de tres años, asegurándole a Allende primero la Presidencia y luego su permanencia en el cargo, ahora le pedía cuentas por lo hecho y trataba de encauzarlo por un camino que permitiera reconstruir lo dañado y repartir los beneficios conseguidos en forma más “equitativa”.

En pro de la “defensa del gobierno de los trabajadores y de la continuidad de los cambios”, las conducciones reformistas alabaron el espíritu cívico de los participantes en el diálogo, haciéndole creer a la clase trabajadora que éste era en beneficio suyo. Así lo manifestó Figueroa en la reunión convocada por la CUT el jueves 9 de Agosto, el mismo día que los Jefes de las Fuerzas Armadas integraban el gabinete ministerial. Nuevamente la ideología burguesa, aquella que habla de la Seguridad Nacional, los altos valores de la democracia chilena, las tradiciones cívicas del pueblo, etc., se imponía en el seno del movimiento obrero. Y, nuevamente, esta ideología era llevada hasta la clase trabajadora a través de los partidos que se dicen sus representantes.

Los allanamientos y la preparación del terreno para justificar represiones contra aquellos sectores más claros y más dinámicos de la clase obrera, tomaron en las últimas semanas una mayor atención por parte de los explotadores. La táctica ultraizquierdista e irresponsable de quienes se sienten dueños de la clase trabajadora favorecían estas maniobras.

Una entrevista concedida por Fuentealba a la revista socialista-mirista CHILE HOY (N.° 62) aclara perfectamente este punto. Dice el representante de la DC: “No hay dentro de la Democracia Cristiana ni siquiera un sector que esté dispuesto a apoyar a los militares para derrocar al gobierno. Además, personalmente, opino que eso es una tontería, porque creo que las condiciones actuales de nuestro cuadro político hacen de quien se atreva a propiciar un golpe de esta naturaleza fracase, o en el golpe mismo, o después, como gobierno. Porque los problemas son de otro orden y no se solucionan con gobiernos fuertes ni con dictaduras de ninguna naturaleza. Aquí hay que incorporar realmente al pueblo al proceso de cambios y, como digo, hay que conducir este proceso de una manera racional, desde el Gobierno, mediante una legislación que fije las reglas del juego”. (Los subrayados son nuestros).

Con una extraordinaria claridad, este “progresista” vocero de la burguesía explica todos los procesos que vive y que puede vivir nuestro país:

1) Respecto a la posibilidad de un golpe de estado, el problema consiste en si existe o no acuerdo sobre la mejor forma de “racionalizar” el reparto de capital y cómo sacar la mayor cantidad de utilidades de su posterior re-inversión. Para ello se necesitan leyes, se necesita fijar las reglas del juego. ¿Quién las determina, el pueblo, la clase trabajadora, los obreros, los campesinos? ¡No, por supuesto que será el Parlamento! ¡Por supuesto que el máximo organismo donde están representados los intereses en bloque de la burguesía! ¿Alguien piensa que en el Congreso se fijarán reglas revolucionarias para el desarrollo capitalista del país? ¿Alguien cree que la burguesía establecerá las bases revolucionarias del futuro de Chile?

2) Los trabajadores deben participar. “Hay que incorporar al pueblo al proceso de cambios”. Es decir, deben participar, deben ser incentivados, deben producir más y… finalmente deben ser conducidos desde el gobierno. ¿Participación? ¡Claro, pero sin romper con la conducción burguesa!

Ahora bien, si esto no ocurre, es decir, si a los trabajadores les da por transgredir las reglas del juego burgués, desobedecer las leyes con que la clase dominante tratará de sujetar las reivindicaciones históricas del proletariado, si intenta organizarse en forma autónoma e independiente de las conducciones reformistas, pequeñoburguesas y burguesas ¿qué cree el señor Fuentealba que sucederá? ¿Cuál es la participación a que su Partido, representante de los intereses de la burguesía, se refiere?…

La respuesta, desde luego, que no debemos esperarla del próximo número de CHILE HOY; la respuesta ya está en la calle, en las fábricas, la respuesta ya la están sufriendo los trabajadores: la Reforma Constitucional fue aprobada por la UP, los militares entraron al gabinete, los mandos medios entregados a su discreción, el “compañero Presidente” ya lanzó amenazas contra los grupos o los trabajadores que “no comprenden las peculiaridades del proceso” y que protestan por las brutalidades cometidas en los allanamientos militares, por las represiones en Magallanes, Concepción, Valparaíso, Quillota, Limache, Santiago, etc. ¿Alguien espera aún respuestas?

Mientras tanto, los camioneros lanzan sus últimas bocanadas en defensa de sus intereses como propietarios individuales. La propia DC en su proyecto de Reforma Constitucional señala en el rubro de empresas expropiables, punto 4, que deben convertir en estatales todos los transportes aéreos, marítimos y terrestres, sean estos de pasajeros o carga. Esto corresponde a la defensa de un interés tradicional de la burguesía, como es proteger y garantizar totalmente la continuidad del ciclo productivo y distributivo de las mercancías; medida que, por otra parte, casi todas las burguesías latinoamericanas ya han cumplido: en Argentina, Brasil, Perú, etc., la distribución de los productos energéticos como petróleo, bencina, parafina, se cumple con flotas camioneras fiscales que aseguran la no interrupción del aprovisionamiento de la energía motriz en las industrias.

Sin embargo, un sector de la propia burguesía, que toma la iniciativa para proceder a formar la Empresa Estatal del Transporte Terrestre, es la que ahora lucha junto a los camioneros defendiendo sus intereses económicos y convirtiendo a la huelga en un movimiento político. ¿Por qué? ¿A qué se debe esta “alianza entre enemigos”? ¿Por qué ni siquiera se acepta la mediación de militares y la burguesía hace causa común con los transportistas?

La respuesta la hallamos de nuevo en las expresiones de Fuentealba. El problema sigue siendo la Reforma Constitucional, la racionalización del proceso, la fijación de las reglas del juego. La burguesía no acepta estatizaciones que afecten a sus bolsillos, no admite despilfarros, no admite que se farreen la plata sin control ni cortapisas todos los pequeñoburgueses que viven el ahora o nunca. La burguesía está de acuerdo con la EE.TT., pero hecha por ley, fijando las reglas del juego en el Parlamento. Y mientras esto no suceda, agudizará cada vez más la crisis, atacará la designación de cualquier Ministro, alentará el terrorismo y lanzará a las Fuerzas Armadas contra aquellos sectores de la clase obrera que, poniendo en cuestión todo el sistema de explotación vigente, se planteen expropiar camiones y pasarlos al área social. Para enfrentar ese serio peligro, están las Fuerzas Armadas. Mientras los camioneros discuten tranquilamente con los militares cómo desalojar recintos, cómo requisar uno a uno cada camión, cómo otorgar garantías por las máquinas, bastó que los trabajadores de la conservera Bozzolo de Quillota salieran a la calle a protestar por la pasividad del gobierno frente a los desmanes de los camioneros, para que apareciera un batallón de la Escuela de Caballería, con todos sus pertrechos de guerra, y disolvieran violentamente la concentración de los obreros. Un día después, el General Ruiz abandonaba el Ministerio de Obras Públicas con gran revuelo de la burguesía. Se remecía el gabinete de “la seguridad nacional”…

Cabe preguntarse entonces, ¿la Seguridad Nacional de quién? ¿De los trabajadores? ¿De la clase obrera que asiste desarmada políticamente al reacomodamiento de las clases dominantes con la plena participación de las conducciones reformistas y pequeñoburguesas de la Unidad Popular? ¿Quiénes son los que obtienen garantías y seguridad nacional con las medidas de la UP si no es la burguesía, si no es el desarrollo del capitalismo estatal? ¿Qué significa que los partidos de izquierda adhieran a este concepto si no es porque ellos son los portadores de la voz de los capitalistas en el seno del Movimiento Obrero?

La clase trabajadora, en cada fábrica, en cada asamblea, en cada reunión, debe plantearse seriamente una respuesta decidida frente a los peligros que se le avecinan: ¿Quién representa hoy en el país los intereses independientes y autónomos del Movimiento Obrero? ¿Dónde está la organización surgida del seno del proletariado que le puede responder con voz propia, y no traída desde afuera, al reto permanente planteado por el sistema de explotación capitalista?

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LOS DISCURSOS DE FlGUEROA Y ALLENDE Y LAS TAREAS DE LOS OBREROS REVOLUCIONARIOS[1]

Por Antonio Soto y Alejandra
Publicado en Correo Proletario # 1, primera quincena de septiembre de 1973

 

El análisis de estos discursos nos permite comprender cómo engañan a la clase obrera estos pretendidos “revolucionarios” de la U. P., que, en momentos de crisis del gobierno, quieren usar a los trabajadores para mantenerse en el poder. Ocultas en una fraseología revolucionaria, falsamente obrerista, encontramos las verdaderas ideas que forman el pensamiento político actual de la UP y de los dirigentes UP de la CUT.

Allende, tras señalar la dificultad del momento político, reclama serenidad para evitar dos grandes peligros: “la distorsión de nuestra economía y la crisis político institucional del país”. ¿Qué quieren decir “nuestra” economía, “nuestro país”? ¿Acaso la clase obrera ha tomado el poder? ¿Acaso la bur­guesía no se sigue enriqueciendo a costa de la clase trabajadora? El comienzo del discurso nos pone sobre aviso y, en adelante, quien lea con atención, verá claramente qué lejos está Allende de hablar en nombre de los intereses de la clase obrera. No sólo reconoce que se han devuelto las industrias tomadas el 29 de Junio, sino que se compromete a arreglar la situación de las 20 empresas que quedan en situación “irregular”.

Reconoce que, acusando al Presidente ante el Congreso, la oposición podría cambiar el gobierno de manera constitucional, o sea, que aceptaría abandonar el gobierno si se lo manda el Parlamento «burgués”, al que tanto criticaba.

Persistiendo con el engaño de negar ante las masas el carácter represor de las Fuerzas Armadas, y el hecho de que éstas lo presionan, junto con las fuerzas de oposición, se prepara para convertirse en títere de un gabinete militar.

Para justificar la colaboración con la DC dice que ésta es el partido mayoritario y “democrático” de Chile. ¿Pensará que los obreros han olvidado la represión durante el gobierno de Frei?

Al manifestarse contra el armamento popular, prepara el camino para la aplicación de la “Ley de Control de Armas”, que exige la DC. Ley que, por supuesto, se aplica contra la clase obrera y no contra los grupos de derecha, que actúan con toda impunidad.

Al decir que “el poder popular debe depender del gobierno”, incurre en una flagrante contradicción anti-obrera, pues, si no debe haber dualidad de mandos, la clase obrera queda en manos de esa misma institucionalidad que permite la destitución “legal” del gobierno. Apoya así los conceptos de Figueroa, en el sentido de subordinar todos los órganos autónomos de la clase obrera a las directivas de la burocracia de la CUT. En una forma cobarde y típicamente estalinista, acusa a todos los que se oponen a su política (por la izquierda) de ser pagados por la CIA y aunque dice estar dispuesto a dialogar con los grupos “equivocados”, la realidad es que está decidido a “garantizar la tranquilidad y el orden social”, es decir, la explotación de los obreros por los burgueses, en una etapa que, en el mismo discurso ha calificado como capitalista. La única forma que tienen los burgueses de garantizar “el orden social” es reprimir las protestas espontáneas de las masas.

En su intento de seguir confundiendo a la clase obrera y tranquilizando a la burguesía, Allende dice cuánto le duele ver las colas para el pan. Y, por eso, la solución para esas colas, es terminar “con ese economicismo absurdo, camaradas”. La clase obrera tendrá que aceptar, si el “compañero” Presidente se lo pide, para que su compañero Presidente y todos los de su calaña sigan viviendo como burgueses, con sus cargos de senadores y diputados, tendrá que aceptar un reajuste ¡¡¡por debajo del alza del costo de la vida!!! “No sólo de pan vive el hombre” dice con insolencia de burgués quien seguramente no conoce lo que significa la ausencia de pan en una mesa obrera.

Este ramillete de confusiones y mentiras, al que se agrega la intención de asustar a la clase obrera con la guerra civil, se complementa con el discurso de Figueroa. Este no habla para esclarecer o informar a la clase trabajadora. Habla para responder “al llamado” del Cardenal Silva Henríquez y las ideas centrales de su discurso son tan contrarias a los intereses de los obreros como las de Allende. La CUT intentará apoderarse de los cordones y otras organizaciones autónomas de la clase y terminar con su independencia, ya que debe haber “unidad, en los mandos”. Figueroa se indigna con quienes afirman que los comunistas están contra la Ley de Control de Armas. En realidad, los comunistas “sólo quieren llenar los vacíos de esta Ley”, que les servirá para reprimir a la Izquierda.

Para Figueroa, las tareas de los obreros en el período actual son: la primera, una tarea que los burgueses hace siglos vienen encomendando a la clase obrera: producir y producir; y segunda, controlar la distribución. Así, el reformismo, servidor de la burguesía, quiere desviar las energías de la clase obrera de la lucha de clases y apartarla de la lucha por la socialización de los medios de producción, haciéndole creer que, si se controla la distribución, se “modera” la explotación.

 

Las tareas de los obreros revolucionarios

El proletariado chileno debe, ante todo, comprender que la UP ya no puede avanzar un paso sin quebrar la legalidad burguesa, y que no piensa hacerlo. Las tareas democráticas antiimperialistas que faltan (expropiación sin pago de todas las empresas imperialistas, desconocimiento de la deuda externa, ruptura con la OEA y todos los pactos militares que vinculan a Chile con los Estados Unidos) sólo pueden cumplirse por una revolución socialista dirigida por la clase obrera. Mientras la clase obrera no rompa con sus direcciones burguesas y pequeñoburguesas (UP) cuyo máximo líder ha jurado “garantizar el orden social”, no habrá revolución socialista.

Hoy, es tarea primordial de los obreros revolucionarios defender la autonomía e independencia de los órganos que espontáneamente han surgido (cordones, comandos comunales, etc.) y de todos los que surjan más adelante. Hay que explicar pacientemente a todos los obreros que el plan del reformismo es atarlos a la CUT para tenerlos controlados y garantizar a la burguesía el desarrollo de esta “etapa” capitalista. La única forma de evitarlo es desarrollar permanentemente la democracia obrera en estos organismos que han surgido espontáneamente, y llegar a acuerdos con todos los obreros que estén dispuestos a defender la autonomía de la clase, sean socialistas, comunistas, democristianos, miristas, etc. Pero, en este acuerdo por la defensa de la autonomía proletaria, los obreros revolucionarios plantearemos siempre, en primer término, el problema de la revolución socialista y el poder obrero así como la cuestión de la propiedad de los medios de producción.

En segundo lugar, hay que terminar con el engaño de la batalla de la producción. Esta fue la política central de los partidos comunista francés e italiano, después de la guerra, gracias a la cual la burguesía europea reconstruyó su economía destruida y hoy continúa explotando al proletariado. La batalla de la producción, cuando aún no se ha tomado el poder, y los obreros no pueden decidir qué se hace con el producto de su trabajo colectivo, significa, para la clase trabajadora, aceptar la disciplina capitalista. Mientras los obreros trabajan para el capital, los burócratas y los burgueses hacen política, los estudiantes hacen huelgas, los camioneros paran el país. Con el esfuerzo de su trabajo, con la entrega de sus horas de esparcimiento en el trabajo “voluntario”, lo único que hacen los obreros es aumentar la plusvalía, fortalecer a su enemigo el capital y a sus órganos de represión, el Ejército, el Estado.

Al mismo tiempo que se termina con este engaño, hay que luchar por la defensa y aumento del salario real. La revolución socialista tiene como objetivo realizar la dignidad, la felicidad y el bienestar de las grandes masas de explotados de la sociedad. Mientras no se haya hecho esa revolución, mientras los obreros no decidan ellos mismos la economía y la política a seguir, nadie tiene derecho a pedir a los obreros ningún sacrificio de su bienestar, por otra parte tan escaso. Y quien llama “economicistas” a los obreros que luchan por mejorar su nivel de vida no tiene nada que ver con los intereses de la clase trabajadora. En su manía descarada de confundir a las masas, estos falsos revolucionarios tergiversan la crítica leninista al economismo, que era una crítica dirigida a los pequeñoburgueses que opinaban que los obreros no tenían que hacer política, sino sólo luchar por sus reivindicaciones económicas. Para Lenin y para todos los marxistas revolucionarios, es indispensable unir las luchas económicas de la clase con sus luchas políticas, para poder dirigir a las masas atrasadas conduciéndo­las al logro de sus justas aspiraciones y deseos. La CUT y la UP están empeñadas en solucionar la crisis económica a costa del trabajo de la clase obrera y no expropiando a la burguesía explotadora. Frenando las luchas de los trabajadores por sus salarios, la UP ha dividido a la clase y ha permitido a la DC llevar a cabo una política demagógica en varios sectores. Los obreros revolucionarios deberán estar presentes en todas las huelgas, explicando a sus compañeros que, mientras se acumulan fuerzas para hacer la revolución, la única forma de disminuir la explotación, fortalecer a la clase obrera y debilitar a los capitalistas, es luchar por un aumento del salario real y por el control de los precios. Sólo así la clase obrera logrará la unidad, y la unidad y la conciencia constituyen la fuerza de los trabajadores revolucionarios.

Dentro de la lucha por la defensa y el aumento del salario real, ¿qué papel juega el control de la distribución? Los obreros revolucionarios deben controlar la distribución y los precios, principalmente para impedir que los capitalistas aumenten los precios, cada vez que se ven obligados por las luchas de la clase, a aumentar los salarios.

Pero este control será limitado mientras no se haya destruido el estado burgués y mientras los medios de producción estén en manos de los capitalistas. La distribución capitalista es una consecuencia directa de la propiedad privada de los medios de producción, que garantiza la propiedad privada de las mercancías que “distribuye” el comerciante, mayorista o minorista. Por lo tanto, mientras exista el capitalismo, el comerciante podrá eludir el control y vender a precios de mercado negro. Todas las propuestas reformistas, aunque se hagan con “buena intención”, son derrotadas por las leyes del mercado. De nada valen las campañas morales, pues no hay peores inmorales que los propios funcionarios y burócratas de la UP que ganan sueldos fabulosos y predican el ascetismo a los obreros, campesinos y pobladores; y porque el socialismo se construye con hombres comunes, que se corromperán si el régimen les ofrece las posibilidades.

Otra tarea importante es oponernos a la represión contra los destacamentos autónomos del proletariado. Los obreros deben prepararse para una etapa de represión, afianzando sus organizaciones autónomas y controlando las maniobras de la burocracia.

Por último, es tarea de los obreros revolucionarios defender este gobierno, frente a la ofensiva patronal, que ha sido elegido por la mayoría de los trabajadores, y que aunque no es un gobierno obrero, es un gobierno democrático y sólo la clase obrera tiene derecho a derrocarlo, cuando tenga fuerzas suficientes para instaurar el Poder Obrero.

[1]     Discursos en Plenario de Federaciones, UNCTAD.

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ENTREVISTA A ABRAHAM ROJAS

Abraham Rojas, 56 años, miembro fundador de la CUT. Dirigente de la Confederación del Transporte, dirigente nacional de la Federación de taxistas, militante por más de 20 años del Partido Comunista, hasta después del Golpe.
Publicado en Correo Proletario # 3, mayo de 1976

¿Cuál era a su entender, el nivel de la lucha sindical el año ‘72?

En lo que se refiere de la lucha sindical en el ‘72, la verdad, es que, en ésta cuestión uno no puede partir de 1972, podríamos partir desde 1970, año en que nosotros llegamos en el gremio a casi el 36% o 40% de trabajadores de parte del gobierno de la UP. Nosotros en la federación teníamos dos representantes de cinco y eso lo seguimos manteniendo hasta el congreso de Antofagasta en el año ‘71, al cual nosotros llevamos una quina de compañeros candidatos, para ganar ese congreso, que eran muy conocidos del gremio, como luchadores y autores de la ley 17.620 que beneficiaba a los trabajadores del transporte.

 

Las reivindicaciones de los trabajadores del transporte

Esta ley, llamada de “renovación total y permanente”, contemplaba reivindicaciones sentidas por el gremio y contemplaba puntos tales como: la renovación de material, tanto de vehículos como de repuestos dejaba de hacerse a través de particulares y solamente se iba a importar a través de la CORFO, y un 20% de los vehículos iban a ser distribuidos solamente a los compañeros no dueños.

En cuanto al derecho a jubilación y a la asignación familiar, pues la ley destinaba un 17% para crear nuestra Caja de Seguros. Los trabajadores del transporte nunca tuvimos ningún tipo de seguro, había casos de viejos transportistas se quedaban muertos dentro del auto porque al no tener jubilación tenían que trabajar siempre.

Estos y otros puntos de la ley se iban a ir implementando junto con el desarrollo de los planes económicos que tenía el gobierno para la industria-automotriz. Esta ley fue aprobada en los primeros meses del gobierno de Allende.

La aprobación de esta ley significó una gran victoria para nosotros porque esto era el inicio de la eliminación de la explotación capitalista de parte del sector de la burguesía importadora ya que dejábamos de ser nosotros la vaca lechera de estos sectores. Para demostrar esto hay muchos ejemplos: una casa importadora de los Matte-Alessandri había sido el agente comercial de los vehículos importados desde los Estados Unidos y aparte de las enormes ganancias que obtenían de esta operación, obligaban a los compradores a firmar letras en dólares lo que significaba que los compañeros jamás terminaban de cancelar sus autos y vivían acogotados por las deudas. Con la venta de repuestos hacían otro tanto. Además siempre actuaron impunemente ya que contaban con la protección del gobierno DC. y del Alessandri, incluso se llegaba a comprar a los dirigentes sindicales del transporte para comprometerlos en sus escandalosos negociados.

Y en todas estas luchas que yo menciono esa quina de dirigentes que llevábamos como candidatos al Congreso de Antofagasta del 71 se habían destacado como los más consecuentes y los más representativos de los intereses del gremio.

 

El congreso del año 71 el partido y los trabajadores

Por lo tanto, a ese congreso llegábamos nosotros, los trabajadores de izquierda en muy buenas posiciones para ganarlo. También estábamos luchando en esos momentos por la cuestión de la distribución directa de los repuestos, estábamos en la mejor posición que pudimos haber logrado en el gremio del transporte porque el transporte siempre fue un gremio difícil para nosotros. Llega el día del congreso y solamente de los delegados de izquierda teníamos 80, todos militantes. Ahora, ¿qué cantidad de delegados necesitábamos para ganar las elecciones? Esta cantidad era de 104, o sea, que asegurando los 104 delegados ganábamos las elecciones del gremio  esto era fácil lograrlo porque contábamos con el apoyo de amplios sectores de trabajadores del transporte sin partido, ya que como ustedes saben, todos los gremios tienen alrededor de un 80% de hombres sin partido que lo siguen a uno porque ven que uno es consecuente, que es serio, que es honrado y que lucha permanentemente por las reivindicaciones. ¿Pero qué pasa? Estos compañeros son rechazados por la comisión nacional sindical de mi partido, la que propone a otros cinco que no conocía ni Cristo con lo cual queda Juan Jara solo con todo su equipo y sin oponentes de peso. Resultados: de los dos dirigentes que ya teníamos allí nos quedamos sin ninguno y la Federación de Taxis que al próximo año, el año del paro de Octubre, le correspondía la presidencia de la confederación del Transporte, quedó en manos de Juan Jara.

 

Esto nos significó un tremendo enfrentamiento con nuestros partidos que nos dijeron, como en el caso del encargado de la comisión nacional sindical del PC que eso era un acuerdo de los comités centrales de los partidos comunistas y socialistas, y yo no vengo aquí compañeros a discutir con ustedes, y esta huevada es así”. Si se hubiera hecho lo que decía la base del partido, que recogía a su vez el sentimiento del gremio, nosotros hubiéramos tenido la dirección del gremio de taxis en 1971. Entonces con esta situación que se creó, quedó la federación libre con Juan Jara y todos los sediciosos arriba tranquilos, lo que les permite pasar por encima de los acuerdos del gremio del año 70 que se oponía a la formación de una confederación del transporte. ¿Y por qué nos oponemos? Porque a excepción de la federación de taxis que era la única agrupación de trabajadores del transporte, es decir, de chóferes, las otras eran de dueños, de patrones. Basta solamente con leer sus nombres, como por ejemplo “Sindicato de dueños de camiones”, etc. y que, por lo tanto, no permitían la participación de los choferes o trabajadores. Y así nos pilló el paro de Octubre en las peores condiciones en que podíamos estar dentro del gremio y sin embargo apechugamos y les ganamos la pelea.

Nosotros de todas las maneras continuamos luchando por las reivindicaciones del gremio. Para combatir el mercado negro y la inflación que nos golpeaba, logramos intervenir una cooperativa distribuidora de repuestos, logrando así la distribución directa de los mismos, nos confrontábamos constantemente con el gobierno tratando de hacerles ver sus políticas erróneas, tratando de obtener solución a nuestras reivindicaciones reales. Por ejemplo, para establecer el gobierno su política automotriz aceptó nuestra idea de crear la Comisión Automotriz en donde participaban cinco representantes de gobierno, uno de las FF.AA. y tres por la CUT (dos del transporte y uno del metal). En los inicios de esta comisión surgió inmediatamente la polémica acerca del área económica en que esta debía ubicarse. La posición nuestra fue unánime, esta debería estar en el área social, por muchas razones que expusimos en la Comisión. 1) por la defensa de las conquistas de los trabajadores del complejo automotriz, que habían sido explotados por los capitales extranjeros; 2) por el desarrollo tecnológico del país y de los trabajadores de esta industria armadora, existían 19 trabajadores para abastecerlos con partes y piezas. CORFO-MECÁNICA de los Andes. Según nuestros informes, al producir con toda la capacidad instalada era capaz de abastecer a toda América Latina con cajas de cambio y trenes traseros, etc.  Finalmente fuimos derrotados por los representantes de gobierno y fuimos duramente criticados por nuestros partidos, quienes permiten así la continuación de la entrada de los capitales extranjeros en la industria automotriz, a través del área mixta.

 

La reivindicación de los taxistas antes del paro de octubre

¿Cómo se inicia el Paro de Octubre y cuál fue la respuesta de los sindicatos?

Recuerdo que el paro de Octubre se inició por una serie de inoperancias de la Subsecretaría de Transportes que obstaculizaba la aplicación de la ley N° 17.620. La inflación que nos perjudicaba y que creaba reivindicaciones de carácter económico. La historia es la siguiente: anteriormente al paro, los viejos pedían una “caída de bandera” de E°5 el gobierno solo daba E°4, decían que las reivindicaciones debían tener un límite porque ellos iban a luchar contra la inflación e iban a mantener el precio de los insumos. Los primeros en plantear estas críticas fuimos nosotros los dirigentes más comprometidos con la izquierda (nosotros vimos la experiencia del aparato sindical de la DC. Durante el gobierno de Frei, por estar amarrados políticamente a su gobierno se veían obligados a oponerse a las reivindicaciones de sus bases, ganándose el repudio de ellas y sonando como “tarro viejo” en posteriores elecciones sindicales y a nosotros nos querían arrastras al mismo terreno) por lo tanto nos agarramos a patadas con la UP, con la DIRINCO, con el ministerio de economía, en todas partes e inclusive con el propio Chicho. Le dijimos: bueno, podemos pelear en el sindicato que 4 es más que 5, pero ¿a base de qué? ¿Porque somos allendistas? porque somos de la UP? Aquí tienen que darnos razones para la clase trabajadora.

Las razones y compromisos que se nos dieron fueron (y eso lo exigimos por escrito porque por escrito tendríamos que preguntárselo a la asamblea nacional del gremio) la caída de bandera se dejaba en E°4,- pero con el compromiso de que el gobierno detuviera todo tipo de alzas, con respecto al sector. En otras palabras, se detendría el alza del dólar, nosotros encontrábamos que eso era una utopía, pero…ellos estaban haciendo esa política y nosotros les dijimos; – si ustedes se comprometen a eso, allá uds. Pero, ¿qué pasó?, esto funcionó los primeros meses, pero después no. Y vino entonces la arremetida del gremio por sus reivindicaciones y nosotros no nos hicimos a un lado sino que sumamos y las impulsamos.

Esto no nos afectaba solo a nosotros los taxistas. Cuando se produce el alza de bencina, aceite, neumáticos, etc. afecta también a los demás gremios del transporte, por lo que se generaliza el descontento en el sector.

Mientras ocurría todo esto, nosotros vemos como los “cabeza de huevo” se nos empiezan a chantar, (nosotros les decíamos cabeza de huevo a los burócratas exquisitos vinculados a las altas esferas de gobierno). Tratábamos de convencerlos que las reivindicaciones eran reales y venían los huevones de la comisión técnica, de las comisiones sindicales y venga reuniones…total que andábamos medio enfermos de reuniones y las reivindicaciones, cuando salían, salían a goteras, los neumáticos se los entregaban a unos sindicatos y a otros no. Hay ahí una historia, recontra cochina con eso de los neumáticos. Mandamos unos viejos camuflados a hablar con el interventor de INSA que dijo muy frescamente ser socio de todas las distribuidoras de neumáticos particulares del país (su secretario también) por lo cual querían hacer siempre la distribución a través de los particulares en vez de distribuirlos directamente a los sindicatos. Ellos operaban de la siguiente manera: le entregaban los neumáticos a los distribuidores privados recargándoles un 35% sobre el precio oficial y si Uds. entienden que cada sindicato compraba entre 20.000 y 40.000, pueden imaginarse el negociado que estos burócratas hacían

 

El momento en que la derecha se monta en el paro

Bueno, toda esta mierda se iba acumulando y todas estas reivindicaciones que tenía el gremio, las capitaliza la DC el PN y Patria y Libertad, lo que coincide con el trabajo que estaba haciendo Vilarín más la CIA. que estaba pagando E°12.000, diarios a los camioneros que tenían hasta 12 toneladas y a los choferes les pagaban E° 1.000 (cuestión que nosotros sabíamos de antemano y se lo comunicamos a los partidos de la UP).

Insisto que todo este conjunto de problemas los aprovechó Juan Jara quien llamó a reunión de federaciones para discutir los problemas existentes que eran reales y serios ya que el gobierno no pudo mantener su promesa de detener las alzas en este sector. A la hora de la votación del paro se aprobó por unanimidad, incluso los simpatizantes y militantes de la UP no pudieron objetarlo. Cuando llegó la hora de contar los votos en la asamblea, en contra del paro solo hubieron 3 en contra, del 40% que teníamos entre los miles de afiliados con que contaban estas federaciones… tal era la situación en la que nos había puesto la inoperancia e incumplimiento del gobierno a nosotros los dirigentes sindicales de izquierda.

A la semana de declarado el paro, llamamos a una reunión, porque se generó esta reunión a los sectores que querían revisar el asunto del paro.

 

La contraofensiva de los trabajadores

Esa era la cuestión, llamábamos para discutir sobre el paro. Se sabía de antemano que quienes estábamos en la reunión, era la gente de la UP., buscando apoyo en la base. Llegaron 18 sindicatos de los 24 que había en Santiago. Se abre la gran discusión sobre la cuestión del paro y se llegó a lograr algunos acuerdos para detenerlo ya que detrás de éste, había maniobras políticas para derrocar al gobierno de la UP, y nosotros, los trabajadores de la UP, no íbamos a permitirlo. Estábamos finalizando esa reunión cuando Schnake se hizo presente justamente en el momento en que estábamos tomando el acuerdo de salir a trabajar. Después de informarle de lo que pasaba ahí, nos dijo: -“Puta que interesante, yo tengo que ir precisamente a una reunión de gabinete en estos momentos”- y se fue. Nosotros pensamos, bueno, váyase a su reunión de gabinete. Y nos quedamos ahí firmando un documento que lanzamos a la prensa, radio y televisión, cuando al rato, aparece la ministro del trabajo (Mireya Baltra) y el subsecretario de gobierno (Suarez).

Dijeron que el gobierno daba toda clase de apoyo a los compañeros que estuvieran trabajando. Y se comienza a trabajar.

De allí nos fuimos directamente al ministerio del interior el que prácticamente lo tomamos y empezamos nosotros mismos, los trabajadores del transporte a poner en práctica nuestras iniciativas que fueron las siguientes:

Que los gobernadores, intendentes, alcaldes, delegados, etc. llamaran de inmediato a los trabajadores ahí mismo. A los trabajadores de la UP, a los que quisieran trabajar y organizarse como movimiento nacional de recuperación gremial que se llamó MOPARE y así surge el MOPARE y así se desarrolla en forma nacional. Y se toman una serie de medidas más; que a los cabeza de huevo no se les ocurrían. Toda esta actividad la desarrollábamos sin olvidar las reivindicaciones que eran legítimas y que habían motivado el paro aunque estábamos conscientes de que su logro iba a tomar tiempo. Es así como surgen en ese momento los nueve puntos, entre ellos los más importantes eran: Reconocimiento del MOPARE como organismo de los trabajadores. Los compañeros pedían también ocupar las máquinas paradas y salir a trabajar y respecto a las máquinas que se fueron movilizando se pedía que quedaran en las manos de los compañeros como propiedad cooperativa. Los trabajadores no planteaban la cosa como cuestión de propiedad particular. Entendíamos además que los vehículos tomados no se les debían devolver a los momios porque entregárselos era darles armas al enemigo para que nos volviera a cagar.

Que si las máquinas se echaban a perder y había posibilidades de arreglarlas, que se las arreglaran. Que si a los compañeros les volaban las máquinas, como a muchos se lo hicieron, se las devolvieran, que si algunos compañeros iban a sufrir represalias de la parte patronal, que se les aseguraran el trabajo. Estas medidas pedíamos nosotros además de otras, como el asunto de que los vehículos que fueran llegando no fueran repartidos ni por la Subsecretaría del Transporte, ni por el Ministerio de Obras Públicas. Nosotros planteábamos que fueran repartidos solamente por la CORFO, que la CORFO trajera los vehículos tal como lo hizo con los dos mil taxis cuya distribución debía comenzarse posteriormente al paro. O sea, nosotros queríamos que se diera un determinado porcentaje por cada sindicato de vehículos y que el sindicato se los distribuyera a sus afiliados de la siguiente manera: En una asamblea general se veía cuáles eran los compañeros que tenían más derecho, bajo una base de reglamentación que se determinaba por su antigüedad en el trabajo, por la cantidad de años que tenía el vehículo. De ésta manera eran los trabajadores, ellos mismos los que veían quienes tenían derechos y hacíamos responsable a la Directiva. La Directiva era la única responsable de la correcta aplicación de la distribución. Otros puntos tenían que ver con la vida de los compañeros, porque no se olviden que tuvimos 17 muertos. Además también el derecho al servicio social, derecho a jubilarse, a tener casa propia, conseguir becas, para los estudiantes hijos de transportistas, en la universidad. El asunto casas, porque la CORMU no nos tomó nunca en cuenta. El gobierno acuerda apoyar los 9 puntos.

 

Pero aún la clase obrera no había dicho la última palabra

En un momento en que la cuestión era cada vez más dramática, en las industrias las materias primas se estaban agotando, se estaba terminando el combustible, las máquinas funcionaban a petróleo, se quedarían sin él. Era una guerra civil en forma, de parte de los momios, lo tenían bloqueado todo. Incluso el gobierno estaba pensando en qué industrias se pararan primero… pero aún no estaba dicha la última palabra por la clase obrera. A estas alturas las 91 ya habían cagado todas, porque había cerca de 500 empresas tomadas por los compañeros, habían surgido ya por todos lados los cordones industriales, al lado de nuestro sindicato había una fábrica que los compañeros solos las hacían funcionar.

Nosotros, los sectores trabajadores conscientes, pertenecíamos al cordón centro, cooperábamos con los compañeros de los cordones con la movilización. Los compañeros choferes del gremio y de los otros sectores apechugaron sacando las máquinas a trabajar. Nos tomamos las máquinas e incluso tomamos en nuestras manos la protección de los camiones con combustibles que eran continuamente atacados por los fascistas. Hubo momentos en que sectores de trabajadores de taxis, por ejemplo, iban armados para acompañar a los camiones.

Todo esto por iniciativa del grupo de base de compañeros de izquierda del transporte (me acuerdo en ese tiempo andaba Schnake ahí donde nos reuníamos y nos decía, -puta que bueno que nos estén sacando la chucha porque, así andamos como dos potos en un calzón, porque andábamos a puras patadas. Bueno, el asunto era así, se estaban dando una serie de luchas, muchos sindicatos habían vuelto al trabajo. A estas alturas había 18 de los 24 sindicatos trabajando (en Santiago).

La vuelta al trabajo de la mayoría, de los sindicatos de Santiago la habíamos logrado con la lucha ideológica que hacíamos todos los días, porque en los sindicatos había diariamente asambleas en las que nosotros apoyábamos las reivindicaciones del gremio (entrega de repuestos, neumáticos, etc.)

Derrota de Jara y compañía

El último viernes del paro se llegó al acuerdo de llamar a una nueva consulta del sindicato, nosotros en ese momento estábamos sacando un diario que se llamaba el MONA-TAXI (sacamos 60.000 ejemplares) donde se denuncian los objetivos que estaban detrás del paro.

Este diario lo hicieron los viejos de la UP., un diario esclarecedor de la base de trabajadores del transporte.

El asunto es que el día de la asamblea general pusimos a unos compañeros a distribuir el diario, discutiendo y aclarando los problemas de la política automotriz. Por suerte ya habían llegado los 2.000 vehículos de los Andes, (acerca de los cuales el gobierno prometía prontamente iniciar su distribución) La cooperativa de distribución de repuestos también estaba caminando. Se denuncian las maniobras de Juan Jara; aclarábamos también en el diario e insistíamos que no era un paro de los trabajadores y esto se notaba, por ejemplo con los aplausos que estos recibían de la gente del barrio alto y claro, había que fijarse en quién te aplaude. Bueno, comienza la reunión, todos los huevones con su diarito debajo del brazo y resulta que en este sindicato se reunían alrededor de 3.500 a 4.000 personas y además gente de otros sindicatos.

Empieza la reunión y se arma la pelotera, el paro cronológicamente estaba por terminar, es decir había que terminarlo, ganar la vuelta al trabajo, en el sindicato más duro, el de Juan Jara; Los viejos se estaban dando cuenta de carácter del paro, además les recordábamos de lo que había pasado con el gobierno de Alessandri donde no les entregaron ni una tuerca mohosa, lo del gobierno de Frei donde les entregaron autos pero les quitaron hasta la casa y más encima tenían que andar escondidos a causa de los embargos. Todo eso lo pusimos en el diarito, todo eso que les he dicho aquí sobre las reivindicaciones más sentidas del gremio.

En esta primera parte de la reunión, donde quedó la escoba, Jara se sentó entre la asamblea y no subió al presídium con los dirigentes, para hacerse el víctima. Sus partidarios rompían el diario, yo los contaba, más o menos unos 300 a 400 diarios los destruyeron, pero no calculaba que por lo menos debían quedar unos 3.000 en la asamblea. Además pedían que Jara subiera a la mesa, antes de eso habían pedido la cabeza del único dirigente sindical de la UP que había allí, o sea yo, pero esto no prosperó más allá de las rechiflas y de los aplausos que se llevó, yo lo huevié diciéndole, – chucha de tu madre te fuiste de puro aplauso no más. Todo esto ocurría ya al final del paro, donde nosotros estábamos echando toda la carne al asador. Ahí se dio cuenta de que había una serie de reuniones de dirigentes a escala regional, nacional, etc. Y allí se da la nueva votación para saber si seguir o no seguir en el paro. Los huevones de la DC sabían que la tenían perdida por todas las cuestiones que estábamos haciendo nosotros y la votación la ganamos, pero estafados. La votación a favor nuestro fue de 5 a 1, precisamente, en el sindicato de Juan Jara que era el más duro. Y era duro porque en los estatutos de esta federación se decía que un dirigente nacional que perdiera una elección en su propio sindicato, quedaba inmediatamente cuestionado como dirigente.

 

La UP reacciona en contra de los trabajadores en lucha

Y ahí viene la gran traición, resulta que le ganamos la pelea al enemigo pero la UP nos dio por el culo porque le entregó cadena nacional a Juan Jara y de esto es testigo todo el país y esto no es una huevada sobre la cual yo me esté mandando las partes. Pero esto de la cadena nacional que le dan a Juan Jara, autorizado por el Subsecretario del transporte y que se las sacó después con que fue el compañero Allende, esa porquería la oyó después todo el país. Le ganamos al enemigo pero el amigo adentro nos sacó la chucha. O sea que salvan a Jara como dirigente en 1971, con las medidas de la UP, en las elecciones del Congreso de ese año y lo salvan también los chuchas su madre hasta en Octubre, porque el güeon de Jara estaba lo que se llama cagao. Y esto no termina allí sino que después de esto a la Ministra del Trabajo la cambian, al subsecretario de Gobierno lo nombran Ministro y desde ese momento nos cierran las puertas y ya no nos miran para nada y nos vuelven la espalda, los partidos de la UP, el Gobierno, todos los chucha de su madre.

Y después de que ganamos el paro, los 9 puntos se los meten en la raja. Por un lado, los vehículos que estaban llegando y que se suponía que una parte de ellos tenían que ser entregados al MOPARE, no se los dieron al MOPARE, no le entregaron nada, todo va para las manos de Vilarín y la Cía. teniendo presente que nosotros les dijimos que vehículo que le entregaran a los momios era vehículo que teníamos en contra de nosotros, la clase trabajadora, pero hacen todo lo contrario, a los compañeros a los cuales los fascistas les habían destruido sus vehículos se quedaron a patas y los compañeros choferes se quedaron cesantes como producto de la represalia patronal en su contra (alrededor de 6 mil). Teníamos sindicatos completos de cesantes. Los dueños de las fábricas no les dan más flete a los camioneros que trabajaron durante el paro, etc., y no nos quería escuchar ningún chucha de su madre, pobres viejos…Al compañero presidente de la Federación de Choferes lo expulsan de su partido también (el PC) por exigir el cumplimiento de los acuerdos. Desgraciados, cabrones.

 

¿Y qué hicieron entonces los trabajadores?

Cuando fuimos a ver a la Ministro del Trabajo que funcionaba durante el paro, tuvo que reconocernos que la actitud del Gobierno era la conciliación más asquerosa con la burguesía y la obligamos a llamar por teléfono a la comisión Política de su partido para exigir una explicación. Le respondió el Subsecretario General del Partido (Chino Díaz) que frente a nuestras reclamaciones (a las cuales en ese momento ella tuvo que adherir) le respondió que se cuidara porque le podía costar su puesto de Ministro, etc.

 

Los trabajadores reaccionan

Entonces, la pelea que habíamos ganado se transforma en una derrota real para nosotros, porque se nos cierran las puertas en todas partes. No así el ánimo de lucha que en los compañeros seguía latente. Prueba de ello es que nosotros, después del paro, hicimos dos asambleas nacionales en el sector, donde llegaron más de 500 delegados de todo el país, solamente de taxistas. Pero ahí continúa el sabotaje de la UP y mi partido, pero ya abiertamente. No llegó ninguna autoridad del gobierno al Congreso que estábamos celebrando en la UNCTAD. Se buscaba darle una estructura nacional a la organización de los transportistas que surgió durante el paro y que se organizó en todas partes: ciudades, pueblos, villorios, donde habían: taxistas, camioneros, autobuseros, etc. Más de 80 mil compañeros que combatieron durante el paro. Por cada cien compañeros se mandaba un delegado.

Al representante de la CUT tuvimos que ir a buscarlo prácticamente a patadas, como sería que en la primera asamblea tuvimos que quejarnos oficialmente a la CUT. Además, el grito que estábamos pegando se estaba oyendo ya afuera en la calle, ninguno permitió que sus autoridades fueran. La UP y la CUT nos acusaban de estar haciendo paralelismo sindical, divisionismo en la clase, etc. Pero esto no era así porque esta organización era de carácter político y en todos los gremios en Chile habían muchos que eran políticos, que pertenecían a los diferentes partidos, y había otros que eran de izquierda sin pertenecer a ningún partido, todos tenían derecho a participar en ésta organización, así era la convocatoria. Ahora, nosotros nunca planteamos formar otra federación, no, en ningún momento. Pero los burócratas nos atacaron de esa manera y esas eran las razones que ellos daban porque la convocatoria sólo llamaba a los sectores de los trabajadores de acuerdo con un gobierno de los trabajadores. A mí, la derecha me acusaba por estos asuntos y mi partido me lo vetaba. Cuando me acusaron en la Federación y en mi sindicato yo les respondí: Que se pre el compañero que diga que no pertenece a un partido, o que no tiene colores de un partido; yo les voy a vetar aquí que todas las tardes se vayan Juan Jara con José González y otros a reunirse al PDC o no lo ven ustedes compañeros, o no les ven sus autos afuera de los locales de esos partidos políticos. Osea que el enemigo entendía la cuestión pero mi partido no lo entendía ni la UP en su conjunto tampoco.

 

La victoria se transforma en derrota

Al finalizar el paro el Gobierno se transforma en un aplastador de las organizaciones de los trabajadores que surgen al calor del paro. No diríamos que era una represión en el sentido clásico que nosotros conocemos sino que represivo en el sentido de que aparte de que teníamos que luchar contra la DC, en PN y P y L, también nosotros nos veíamos golpeados por dentro, podríamos decir, en nuestra propia casa, por las organizaciones de Gobierno y sus partidos. Uno de los que supo de esta lucha porque nosotros desesperados de toda esta mierda exigimos una reunión de la UP y el Gobierno para reclamar en contra de su oposición a las organizaciones del transporte que surgían para impulsar el proceso revolucionario chileno, ellos querían que esto no se desarrollara, pero se desarrolló igual.

 

El Partido Comunista y los trabajadores del transporte

Por otro lado, nosotros, los militantes PC, nos enfrentamos con los mismos problemas al interior de nuestro partido. Por ello citamos a más de 75 compañeros comunistas del transporte y pedimos reunión con la Sindical Nacional. En esa reunión quedó la cagada. Nosotros los que hacíamos cabeza nos quedamos callados para que la Dirección Nacional del partido pudiera escuchar que era lo que decía la base del Partido, que por supuesto se daba cuenta de todos los problemas existentes. Al mismo tiempo nos preparamos para el Congreso del Partido donde esperábamos hacer oír nuestras quejas que eran iguales en todos los frentes sindicales del Partido y barrer con las mafias dinásticas que controlaban toda la vida del Partido, colocando a sus familiares, amigos, etc., en los puestos de decisión que afectaban el sano desarrollo de una política de clase.

El rompimiento con el PC se va produciendo paulatinamente a contar de la experiencia de Octubre. Después de esta fecha era típico ver entre los compañeros de las bases plantearse esta cuestión. Además, había muchos compañeros que no esperaban más y se iban. Otros eran expulsados acusados de muchas cosas. Generalmente estas acusaciones no eran – según ellos –  de tipo político sino morales. De lo que se trataba era de ocultar a la base los problemas políticos que estos compañeros planteaban. Muchos como yo creíamos que todo esto se debía a la existencia de “malos funcionarios” que informaban torcidamente a las direcciones y que, por lo tanto, se pondría encontrar remedio en la discusión con los organismos del partido que fuera necesario. Hubo momentos en los cuales estaba totalmente dispuesto a renunciar. Me costaba creer que ya no había nada que hacer dentro del Partido.

Después del 11 de Septiembre no había duda y si se trataba de seguir dentro era solamente para ajustar cuentas con los responsables de la derrota que hasta el día de hoy no dan la cara. El 11 de Septiembre es fundamental porque uno pudo constatar cuánta razón tenía la clase. Es increíble todo lo que se les advirtió a las vacas sagradas. La clase obrera y el proletariado fueron engañados una y otra vez. Cuando nos juraban, por ejemplo, que habría resistencia, armas, etc., después de que nosotros pedíamos luchar revolucionariamente. Los resultados estaban ahí, no necesito comentarlos… Siguen sin dar explicaciones y cuando alguien se las pide lo expulsan o nos culpan a nosotros de no haber comprendido el “proceso”, que “íbamos muy rápido”, que los dirigentes sindicales del partido no supimos cambiar nuestro viejo estilo (el de impulsar las luchas de la clase obrera), por el del Gobierno. Y “que con todo eso entorpecimos los planes del Gobierno y del partido”. Hoy en el exilio, cuando uno se encuentra con los pocos obreros que hay (porque no han implementado ninguna política seria para sacarlos, sólo se preocupan de sus incondicionales que se callan a cambio de un pituto), lo primero que le preguntan es si “salió con el permiso del Partido”.

Pero muy diferente es la reacción de la clase obrera internacional, la que, al enterarse de lo que fue la verdadera lucha de la clase obrera chilena, comienzan a ver más clara la necesidad de solidaridad internacionalista con sus compañeros de clase. Es más, algunas veces llegan a integrar en su quehacer diario parte de la experiencia de lucha de la clase obrera chilena en contra de su sistema de explotación.

 

¿Qué conclusiones extrae usted de lo anteriormente dicho?

Y ahora, mientras no seamos conscientes de que hemos perdido la vida, mientras no hagamos un esfuerzo serio por asimilar nuestras mejores experiencias de juego, no podremos recomprender nuestra organización y nuestro juego contra el sistema capitalista. . Y creo que esto se ha empezado a dar cuenta en nuestra clase. Este es un proceso lento pero comienza entre nosotros. Ah, este es nuestro deseo por nuestra capacidad de revolucionarios, de participar en la reorganización de nuestra clase, tratando de evitar que se repita lo que anteriormente planteamos a mal.

 

Autor: colapsoydesvio

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