Tesis de Mayo Rojo. Por Jasper Bernes

Jasper Bernes es el autor de “The Future of Revolution: Communist Propspects From the Paris Commune to the George Floyd Uprising” (2025) y de “The Work of Art in the Age of Deindustrialization” (2017).

Texto originalmente publicado en inglés para el número 2 de la revista Heatwave. Traducido por Jesús Díaz M para CyD.

Basándose en los ejemplos de la Comuna de París y los consejos obreros del siglo XX, —el único invento nuevo del movimiento comunista en el siglo XX—, Bernes destila sus éxitos y fracasos en una descripción del comunismo que es a la vez abstracta y práctica. Si la pieza comienza enumerando las cualidades de la revolución, termina esbozando un esbozo de la producción común del propio comunismo para uso común, planificada a través de mecanismos transparentes y manejables disponibles y responsables ante todos.

En memoria de Joshua Clover (1962-2025).

  1. La primera condición de la revolución es la destrucción del Estado represivo: el ejército y la policía, el poder judicial y las prisiones. Todas las demás condiciones dependen de esta primera: la socialización de la riqueza mediante la revolución sólo puede producirse en la medida en que se haya suspendido el aparato represivo. Desde los saqueadores en un motín hasta la producción común para el uso común, el comunismo avanza a medida que la propiedad y su derecho, impuesto por la fuerza, van retrocediendo.

1.1. A medida que el Estado se desarma, la revolución se arma. Pero los pocos poderosos no son lo mismo que los muchos débiles. La insurrección y el Estado son asimétricos. La revolución triunfa dispersando la violencia estatal, en lugar de concentrarla. La confrontación frontal entre el partido del caos y el partido del orden siempre conduce a la reimposición del orden. El eclipse del Estado se produce a través de la deserción, el motín y la fraternización entre las fuerzas del orden y del caos. Lucha contra el trazado de líneas, nos recuerda, luchando detrás de las líneas.

  1. El desmoronamiento del Estado no es más que la puerta de entrada a la revolución. Las revoluciones son sociales y no meramente políticas, en la medida en que son revoluciones de la gran mayoría de la humanidad, el proletariado. La gran mayoría no puede convertirse en un nuevo poder sobre la sociedad, pues entonces no haría más que explotarse y dominarse a sí misma, lo cual es una contradicción en sí misma. Debe abolir la explotación, la dominación y todas las clases. Esta es, por lo tanto, la segunda condición: la revolución debe ser masiva, sus organizaciones deben ser organizaciones de la gran mayoría, el proletariado. Deben ser universales, salvo por esta condición. Rechazan a las élites y a quienes las imponen, pero por lo demás no están limitadas por ninguna otra categoría social o identidad.

2.1. Las estructuras de la revolución deben, por lo tanto, abarcar, al menos potencialmente, a todo el mundo. Deben ser tanto intensivas —arraigadas en las estructuras fundamentales de la vida cotidiana de la gente común— como extensivas, conectando a las personas con otras a distancia. Dado que la especie humana no puede concentrarse en un único lugar, dichas estructuras también deben coordinar la acción común a distancia. Deben delegar. Sin embargo, dado que la inclusividad es un requisito fundamental, estos delegados deben recibir mandatos explícitos y sus decisiones deben poder revocarse a voluntad. La autoridad se otorga y se retiene, y por lo tanto se mantiene en suspenso. Esta es la tercera condición.

2.2. No debe haber ninguna diferencia entre los delegados y quienes los designan, lo que significa que los delegados ejercen sus funciones durante un período limitado y que su labor se simplifica y se hace transparente para todos. Cuando se requiera de conocimientos especializados, estos tendrán carácter consultivo. Deben ser órganos de trabajo, no gubernamentales, a la vez políticos y económicos y a la vez ninguno de los dos, aboliendo la división del trabajo entre ejecución y concepción, entre trabajo manual y mental, que estructura el capitalismo.

2.3. Estas estructuras presuponen la abolición del poder policial. El armamento del proletariado, de la gran mayoría, implica que la violencia solo puede dirigirse hacia el exterior, contra los enemigos de la revolución, y no hacia el interior como mecanismo de protección de la revolución. Cuando se dirige hacia el interior, dicha violencia viola la primera y la segunda condición, reconstituyendo el poder policial del Estado y excluyendo a la mayoría de la participación.

3. Podemos denominar a este conjunto de tres condiciones «la comuna», en la medida en que los postulados esbozados anteriormente se corresponden con lo que Marx, al escribir sobre la Comuna de París de 1871, denomina «forma-comuna». Se trata de una «forma profundamente expansiva», —como escribió Marx—, plástica y escalable. La comuna es fractal, autosimilar, se multiplica exponencialmente a través de cualquier distancia social, asignando delegados a delegados según sea necesario. Esta expansividad significa que proyecta un futuro: es a la vez actualidad e idea, actualidad que llama a través de la idea a una mayor actualidad. De este modo, la comuna no se limita a un lugar o un tiempo, sino que es universal. Como fragmento de un futuro comunismo, reúne a su lado a comunistas de todo el mundo. Sus fronteras no coinciden con ninguna nación, pues su bandera negra significa la muerte del Estado-nación.

3.1. La comuna es, sin embargo, ambigua, ambivalente: al tratarse de una forma expansiva, su contenido sigue sin estar definido. Si se trata simplemente de una estructura de democracia directa, puede convertirse fácilmente en un vehículo para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. ¿Quién compone la comuna? ¿Qué hace? ¿Cómo? ¿Y por qué? Estas son preguntas a las que la historia da respuesta con los soviets y los consejos obreros que aparecen primero en Rusia en 1905 y de nuevo en 1917,  para extenderse a toda Europa Central en 1918 y 1919.

3.2. Los consejos obreros históricos tienen una restricción de composición —una restricción a los proletarios— porque son productos transitorios de la huelga general, una acción proletaria de toda la clase que desbordó el control de las instituciones del movimiento obrero (partidos y sindicatos) y, por lo tanto, requirió un instrumento extrapartidista. Durante la Revolución Alemana, en ocasiones se pedía a los participantes que mostrarán una tarjeta de empleo como prueba de su identidad proletaria para poder afiliarse. Después de que los consejos fueran derrotados desde dentro, al votar su propia abolición, muchos concluyeron que se debía a que se permitía a personas que no eran trabajadores participar y convertirse en delegados, lo que llevó a que muchos de los consejos quedarán bajo el control de los sindicatos y los partidos. Era necesario, concluyeron, garantizar el carácter proletario de los consejos.

3.3. Pero como la huelga general avanza inexorablemente hacia la insurrección, estas organizaciones encargadas de dirigir la huelga trazan planes para destituir a la policía y ocupar los edificios gubernamentales y las redacciones de los periódicos. Tan pronto como silencian la maquinaria del capitalismo, también mantienen discretamente los servicios vitales para la revolución y para la reproducción de la gran mayoría. Mantienen en funcionamiento la central eléctrica e imprimen periódicos con titulares que anuncian la revolución. A la restricción de contenido proletario, debemos añadir una comunista. Los consejos deben ampliarse para incluir a todos y todo en un plan común de provisión para uso común. Deben abolir la producción con fines de lucro y, con ella, la mercancía, el dinero y la ley del valor mediante la producción común para uso común.

4. Así pues, el consejo obrero: la única innovación del movimiento comunista en el siglo XX. Todo lo demás desde entonces puede considerarse un perfeccionamiento de la forma del consejo, que sustituye a la forma de la comuna. Pero, una vez más, debemos distinguir entre el consejo como realidad y el consejo como idea. En la realidad, como indico más arriba, los consejos no eran instrumentos enteramente proletarios. Pero lo que es más importante, los consejos carecían de una restricción de contenido funcional: en lugar de convertirse en avatares para la extensión de la revolución y la socialización de la riqueza, los delegados quedaron reducidos a electores de una asamblea nacional, reconstituyendo el Estado Alemán como una democracia parlamentaria. Para ser revolucionarios, los consejos debían ser tanto proletarios como comunistas. Debían orientarse hacia la reproducción de la revolución y la absorción de la gran mayoría, aboliendo así todas las clases y, con ello, al proletariado como clase dominada. Esto solo puede suceder en la medida en que tales organizaciones se dediquen a la destrucción de la producción generalizada de mercancías y a su sustitución por una producción común para uso común.

4.1. Con estas restricciones, los consejos dejan claro qué se entiende por “dictadura del proletariado”. Ciertas personas quedan excluidas por principio, a menos que renuncien a los poderes que les han conferido el capital y el Estado. Tampoco se trata de órganos democráticos y constituyentes. Son comunistas por definición y presuponen una unanimidad comunista.

5. De este principio se deriva una definición limitada del partido: no una organización formal en sí misma, sino aquella agrupación dentro de los consejos autoorganizados que se orienta hacia la insurrección y la producción común para uso común. Estos son aspectos que no pueden someterse a votación. El partido es también, en momentos de insurrección, un ejército rojo, un ejército cuya unidad es emergente y no impuesta. El ejército rojo es autoconstituido, voluntarista. Sus oficiales son elegidos, no impuestos, y no gozan de privilegios especiales. Sus estructuras de toma de decisiones centralizadas duran solo mientras dura la confrontación armada. De hecho, este es un modelo para la organización comunista en general a través de los consejos: no supone ningún problema designar temporalmente a un responsable de la toma de decisiones dentro de un proceso concreto, o establecer procedimientos automáticos para determinadas acciones. No todo tiene que ser objeto de deliberación.

5.1. El ejército arrasa y expropia, aboliendo el dominio de la propiedad y sus guardias armados. Abolirá las clases, pero no podrá abolirse a sí mismo, salvo dando paso a productores libremente asociados, vinculados entre sí mediante mecanismos transparentes y flexibles.

6. Los comunistas del consejo imaginaron que esta etapa inicial estaba constituida por “la aplicación despiadada de la obligación de trabajar”, algo que no se puede lograr excepto mediante la reconstitución del Estado represivo. Cuando el trabajo es a la vez obligación y derecho, cuando los trabajadores sólo pueden ser enviados a otro lugar y no morir de hambre, no se les puede obligar a trabajar con concentración o cuidado. Aquellos que no quieren trabajar eficazmente no pueden trabajar y cualquier actividad está mejor sin ellos.

6.1. Pero los consejos podrían socializar las necesidades en lugar de individualizarlas. Hay cosas que deben suceder —llámese trabajo, mano de obra o actividad reproductiva— para que todos puedan alimentarse, tener un techo y estar provistos. Pero no es necesario restringir el acceso a la alimentación y la vivienda para garantizar que eso ocurra. Esa parte de la producción total dedicada a la producción de bienes y servicios esenciales es ahora una pequeña porción de la producción económica global. Se podrían producir más de estos bienes y servicios esenciales con menos esfuerzo del que moviliza actualmente el capitalismo si se eliminaran las actividades improductivas relacionadas con el modo de producción capitalista —policías, contratistas de defensa, banqueros, burócratas, corredores de bolsa, publicistas y aseguradoras—, junto con la producción de artículos de lujo para el consumo de las élites. Ya no hay necesidad de individualizar la necesidad. En su lugar, puede socializarse inmediatamente.

7. La socialización inmediata de las necesidades y la riqueza social exige formas de rendición de cuentas que sean transparentes y comprensibles para todos. Las personas se responsabilizan unas de otras al rendir cuentas de las cosas. La reproducción social se lleva a cabo, en parte, a través de procesos que se planifican y se rinden cuentas de forma abierta y transparente: las cifras numéricas correspondientes a dichos procesos se hacen visibles para todos y comprensibles mediante procesos de toma de decisiones abiertos e inclusivos que no requieren conocimientos técnicos específicos.

7.1. Esto no significa, sin embargo, que todo pueda o deba planificarse deliberadamente. Planificar también significa, por definición, dejar algunas cosas sin planificar; toda planificación es una planificación para la anarquía, para lo impredecible, lo no previsto, lo espontáneo y lo libre.

8. El principio rector de la comunidad humana comunista es el libre desarrollo, tanto individual como colectivo. Todo está permitido, salvo aquello que obstaculice el libre desarrollo. Un rompecabezas que puede resolverse de cientos de maneras diferentes, mediante el cultivo de subjetividades y formas de vida que hoy apenas podemos imaginar.

9. La necesidad se socializa y, por lo tanto, se libera. La humanidad decide finalmente de forma libre cómo organizar su metabolismo con la naturaleza: se organiza de manera transparente en respuesta a la necesidad natural. A medida que la necesidad se libera, la libertad se vuelve necesaria. Por lo tanto, no podemos hablar del comunismo como si contuviera, por un lado, un ámbito de necesidad y, por otro, un ámbito de libertad, correspondiendo el primero a la obligación social, la coacción o la exigencia, y el segundo a la ausencia de toda responsabilidad. Más bien hay un ámbito de planificación, de contabilidad deliberada y colectiva, y un ámbito de anarquía, de actividad libre y no guionizada. Toda actividad está organizada, pero no toda actividad está organizada de antemano (planificada). Ambos ámbitos pueden implicar libertad y necesidad en diversos grados. Para algunas personas, perfeccionar procesos técnicos que implican un trabajo colectivo deliberado podría ser la expresión más pura de su libertad, de una situación en la que el trabajo se ha convertido en la principal necesidad de la vida. Para otras, el cultivo ético, espiritual y estético define, en cambio, su razón de ser, pero es probable que incluso esto implique disciplina, rigor y obligación. A medida que se disuelve la oposición entre el individuo y el colectivo, también lo hace la oposición entre libertad y necesidad.

10. El comunismo supone, por tanto, el fin no solo del capitalismo, sino de la sociedad de clases como tal y, con ello, el fin de la ruptura metabólica entre la humanidad y la naturaleza, el fin de la contrarrevolución neolítica conocida como civilización —no un retorno al equilibrio dinámico entre la humanidad y la naturaleza de la prehistoria, sino el establecimiento de un nuevo equilibrio dinámico, igualmente abierto e infinito, que debe hacer frente a la larga sombra del capitalismo industrial. La máxima del libre desarrollo se extiende más allá de la humanidad a toda la naturaleza. El comunismo es un equilibrio dinámico entre el libre desarrollo de la humanidad y el libre desarrollo de la naturaleza. Esto nos permite distinguir entre el valor de un césped y el de un bosque antiguo. Por supuesto, lo que constituye el libre desarrollo de la naturaleza tendrá que ser decidido libremente por los seres humanos. No existe una perspectiva única en y como la naturaleza que pueda guiarnos: los lobos querrán algo diferente a los delfines. En cambio, el comunismo volverá a encantar al mundo, tratando todo como potencialmente una persona, como capaz de desarrollarse. Por fin reconoceremos el entorno construido como una colaboración entre nuestros antepasados y la naturaleza, con nuestro libre desarrollo como objetivo. El trabajo muerto ya no nos dominará como capital; más bien, el mundo construido para nosotros por nuestros predecesores nos guiará para salir de la violencia de la prehistoria y entrar en la verdadera historia humana, que ya no será una historia de la necesidad contra la libertad, sino de la libertad como necesidad. El comunismo podría durar un millón de años.

29 de mayo de 2025, Seattle, Washington.

Autor: colapsoydesvio

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