Guerra civil global y el nuevo reparto del mundo: A propósito de Venezuela y Estados Unidos.

Guerra civil global y el nuevo reparto del mundo: A propósito de Venezuela y Estados Unidos.

Por: Colapso y Desvío.

Traducciones disponibles: Alemán.

Se está hablando mucho de que nos encontramos en el principio de una nueva era, y aquella idea no es del todo errónea. Sin embargo, hoy no ha comenzado, como algunos se han atrevido a sugerir. Estamos presenciando el fortalecimiento de las formas necropolíticas de operar de parte de las principales potencias del planeta. La intervención en Venezuela, (denominada Operation Absolute Resolve), es un importante paso en un proceso de reestructuración global, que toma forma a partir de la mitigación y sometimiento de las revueltas en el anterior ciclo de lucha (2019-2022), pero insistimos no es del todo novedoso, se trata de una misma tendencia a la barbarie civilizatoria que tiene como hitos anteriores los bombardeos israelíes en Medio Oriente y la guerra en Ucrania.

Las abstracciones sobre las que se sostiene la democracia-liberal de occidente se terminan de derrumbar al son de los bombardeos, ocupaciones territoriales y persecución política. La soberanía nacional, el derecho internacional y la separación de poderes se demuestran despreciables para el actual estadio del desarrollo capitalista. La casi ridícula pero consciente falta de diplomacia de Donald Trump, demuestra aquello. Y es que hoy al capitalismo ya no le importan las apariencias, el orden democrático rompe con sus ropajes ideológicos, y se muestra tal cual siempre fue como la persistencia de una violencia fundacional. La democracia fue impuesta en nuestro continente a base de plomo, saqueos y desapariciones forzadas, hoy con Venezuela lo volvemos a recordar.

Pero para entender en plenitud los sucesos que más han repercutido en el mundo los últimos 5-6 años debemos de entender el presente como parte de un proceso contrarrevolucionario de carácter global, donde, la guerra, en sus diversas modalidades, se extiende a todas partes[1]. Ninguna nación está por fuera de este proceso, sino que, más bien, la guerra atraviesa a estas de manera generalizada aunque desigual. Si no es por medio de la clásica guerra entre Estados-naciones, lo es como guerra contra la población, contra el «narcotráfico», contra la «inmigración descontrolada», como guerra arancelaria, guerra contra el dispositivo-enemigo-de-turno y como Genocidio. Lo que está sucediendo en estos momentos en Venezuela se encapsula en este proceso de guerra civil global, producto de la actual fase de descomposición del capitalismo que moviliza a las distintas facciones de la burguesía internacional a una desesperada carrera por la supervivencia del modelo capitalista a cambio de cientos de miles de vidas. La guerra civil global, como forma perfeccionada de las más diversas modalidades bélicas de antaño, surge como respuesta a las necesidades históricas del capitalismo para asegurar los prerrequisitos mínimos para su reproducción.

“Es Guerra en tanto supone la imposibilidad de conciliación, de coexistencia, el capital únicamente comprende una forma de existencia y esa es la suya. Y es global en tanto es posible a partir de la forma universalizante del capitalismo en su fase de dominación total”[2].

  1. La reorganización geopolítica del mundo.

Trump como la actual personificación de la lógica suicida del capital ha sido el mayor promotor de este contexto a nivel mundial. Él, al igual que sus símiles en la región (Milei, Kast, Bolsonaro, Bukele, Noboa), no sólo son conscientes de la crisis estructural del capital, sino que la instrumentalizan y la vuelven el motor de su política, a la vez que justificación de esta misma. La disputa por los recursos naturales entre las mayores potencias del mundo tiene menos que ver con una “nueva guerra fría” que con un nuevo reparto del mundo entre China,  Rusia, EEUU e Israel: un Tratado de Tordesillas[3] para el siglo XXI.

Hace seis siglos atrás, el objetivo de este tratado fue evitar los conflictos directos entre las principales potencias del mundo, al mismo tiempo que la legitimación del proyecto colonial español y portugués en el Sur global. Actualmente, tanto China y Rusia, como EE.UU reconocen el peligro que generan para la hegemonía regional del otro, la sola posibilidad de negociación entre estas potencias parte con que se acepte no intervenir directamente sobre sus respectivas zonas de control. Tal situación hace poco posible, que ocurra una guerra que los enfrente directamente. Pero, esto no se trata de una situación ideal que genere un equilibrio perfecto entre las principales economías del planeta. Así como la ausencia de un conflicto directo entre España y Portugal se tradujo en siglos de genocidio sobre la población nativa, este nuevo reparto generará nuevas zonas de conflicto e intensificará las ya activas.

La situación de las principales economías de Europa y Asia (sin contar a China) y las potencias emergentes, como India, Irán, Arabia Saudita es radicalmente diferente. La relación entre Estados Unidos y el viejo continente ha sido más que tensa, el intento de controlar Groenlandia por parte de Estados Unidos es el ejemplo más reciente de aquello. Europa ha sido dejado atrás en las conversaciones sobre Ucrania y sobre Palestina, actualmente Estados Unidos no reconoce su autoridad, lo que le permite a Trump reunirse con Xi Jiping y Putin cuando desee. Mientras que este nuevo reparto del mundo significará para China, Rusia y Estado Unidos la seguridad de que sus respectivas zonas no serán tocadas, —permitiéndoles profundizar en el control sobre sus territorios—, para el resto de las principales economías esto significa un peligro para sus respectivos intereses que no pueden ser ya asegurados por medio de la diplomacia y el derecho internacional. El rearmamiento europeo tiene que ver con esta situación de incertidumbre donde la amenaza de Rusia sobre el continente se extiende en un momento en que los países de Europa ya no cuentan con el apoyo irrestricto de Estados Unidos[4]. En sintonía con esto el intento fallido de golpe de Estado en Burkina Faso, a escasas horas de lo sucedido en Venezuela, no es de extrañar. Europa quiere reclamar su parte en el reparto y tendrá que hacerlo por los mismos medios por los que Estados Unidos actúa.

Mientras tanto, los intereses estadounidenses en el petróleo venezolano y la posición estratégica que ocupa el territorio venezolano para el control de la región parecen estar asegurados tras la intervención militar en Caracas, que resultó en el secuestro de Nicolás Maduro y en el aparente control sobre el gobierno de Delcy Rodríguez, a quién tiene amenazada con pagar un precio mayor que el de Maduro de no cumplir con las exigencias de Washington[5]. Por otro lado, las disputas territoriales por Groenlandia y con México puede que se desarrollen de una manera similar: con el control de Estados Unidos sobre sus recursos naturales, sus territorios y rutas comerciales, por medio de amenazas de intervención militar y guerra arancelaria. La vieja Doctrina Monroe se actualiza para brindar a las actuales modalidades de fascismo estadounidense su fundamento político.

Tras la intervención en Venezuela, Trump no tardó en extender la amenaza al gobierno de Cuba, Colombia y México, lo que se suma a las realizadas anteriormente a Lula en Brasil. La demostración de fuerza de Estados Unidos fue increíblemente efectiva en mostrar lo que puede sucederle a cualquier país de la región. Colombia, Chile y Brasil, algunos de los primeros países en reaccionar, son más que conscientes de que esta amenaza no sólo se traduce en la forma de un enfrentamiento directo con Estados Unidos, sino en la profundización de una crisis humanitaria que generará nuevas olas migratorias, con la que estos países ya no son capaces de dar abasto[6].

El control del hemisferio occidental, —pero sobre todo en el continente americano—, sumada a un estricto régimen de austeridad y empeoramiento general de las condiciones de vida del proletariado estadounidenses, aparecen como la estrategia de seguridad nacional para enfrentar parcialmente los efectos de la crisis estructural del capital, aunque sin terminar por superarla, sí permite continuar con el lujoso y desenfrenado estilo de vida de la gran burguesía yankee. El imperio estadounidense de cara al exterior vuelve a revitalizarse por medio de la guerra y el expansionismo neocolonial. Por su parte, parece ser que ni Rusia, ni China harán nada por Venezuela, del mismo modo que Trump no actuaría frente a una expansión de China en Taiwán y el Tibet, ni de Rusia en Ucrania. Las líneas del reparto parecen estar ya trazadas, y cada potencia ya comienza a ordenar su patio trasero.

  1. Internacionalismo y antiimperialismo.

Frente a esto, el relato de la multipolaridad y las esperanzas de los “soberanistas” locales puestas en las economías emergentes (BRICS) que rivalizan con el imperio estadounidense no parecen tener ni pies ni cabeza. Tanto Rusia como China se sentarán felizmente a llegar a acuerdos con Estados Unidos[7], como ya hemos presenciado en el último tiempo, del mismo modo que los países de Medio Oriente se sientan con Trump para discutir la situación de Palestina. Por otra parte, las declaraciones de Trump y Marco Rubio acerca de Delcy Rodriguez, la recién asumida presidenta interina de Venezuela, hacen pensar en una salida pactada entre las facciones burguesas del chavismo y el gobierno de Estados Unidos[8].

La oposición al imperialismo, en particular a su actual forma no puede asimilarse en un apoyo pragmático al polo imperialista opuesto, reducir el imperialismo a una cuestión entre naciones “buenas” y “malas” borra los conflictos sociales que ocurren en su interior, construyendo una fantasía del Estado-nación, donde la noción interclasista del “pueblo” florece disociada de las relaciones de clase, raza y género que lo determinan. Así, el rechazo a Rusia se convierte en el apoyo al gobierno ucraniano y a la OTAN, del mismo modo el rechazo a Estados Unidos lo hace en apoyo a las burguesías nacionales de la mal llamada revolución bolivariana[9]. La defensa del proletariado venezolano no puede ser igualada a una defensa del gobierno responsable en empeorar las condiciones de vida de este, ni tampoco una perspectiva comunista puede provenir de la defensa de las categorías básicas del capital, es decir, la patria, el valor, el Estado y los roles de género.

– La situación actual de Venezuela es una demostración del fracaso de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI” en administrar con éxito la crisis capitalista. Lo que pasa es que el Capital y su crisis son ingobernables: es el Capital el que gobierna a la sociedad y por ende al Estado, no al revés. Creer lo contrario es iluso, mientras que pretender realizarlo es reformista[10].

Sin embargo, la respuesta no es tan fácil como hacer un llamado simbólico al internacionalismo proletario. La incapacidad del régimen para asegurar las condiciones mínimas de reproducción de la fuerza de trabajo, ha intensificado la fragmentación de clase y los enfrentamientos entre los distintos segmentos de la sociedad venezolana. El proletariado en el país, se encuentra separado en distintas subclases y bandos ideológicos enemistados, fenómeno que es profundizado por la segmentación geográfica entre quiénes viven en las ciudades y quiénes no. Aún entre los partidarios del régimen se diferencia entre aquellos que aún disfrutaban de los privilegios del gobierno (la llamada boliburguesía) y quiénes se encuentran abandonados en condiciones de miseria, subsistiendo de la informalidad y el dinero que reciben de familiares en el extranjero.

“La carencia de medicinas alcanza al 85% y el Ministerio de Salud no publica estadísticas de mortalidad desde hace tres años. El presidente de la Federación Médica de Venezuela dice que los hospitales cuentan con solo el 4 o 5% de los medicamentos que necesitan los pacientes. Las colas para conseguir alimentos, medicinas, pañales u otros productos de primera necesidad, insumen muchas horas por día a los venezolanos y en varios casos han terminado en violencia, saqueos o intentos de sa­queo”[11].

El respaldo de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y de las figuras más importantes del Chavismo al gobierno de Delcy Rodriguez, es un intento por no demostrar un vacío de poder que pueda ser aprovechado por la oposición venezolana, la cual parece ya no contar con el apoyo abierto de Trump, ni tampoco parece necesitarlos, mientras Rodriguez respalde los intereses de Estados Unidos en el país. Pese a este intento de mantener la normalidad, el chavismo no puede hacerse el ciego ante la ausencia de Nicólas Maduro, y las obvias sospechas que genera Delcy Rodriguez, haciendo fácil prever en el corto plazo el fortalecimiento de las distintas facciones en una disputa interna por el poder político. Los grupos de resistencia a la injerencia estadounidense que surjan a partir de sectores de la población civil, las Fuerzas Armadas y las organizaciones territoriales de base, no sólo se tendrán que enfrentar a la derecha venezolana, a los carteles de droga y al ejército de ocupación estadounidense, sino que también a los sectores del chavismo en el gobierno y sus grupos parapoliciales que hoy están pactando con Donald Trump.

Si bien, la experiencia de organización popular surgidas a partir de los Consejos Comunales y de las Comunas, así como de las protestas masivas por el hambre (como en 2014) puede ser hipotéticamente reactivada para hacer frente a las necesidades organizativas y de autodefensa de los proletarios venezolanos, referirse a este como un sujeto unificado y consciente resulta ridículo, pues las condiciones de subsistencia que enfrentan han deteriorado su capacidad de acción y dividido sus filas. Mientras que paralelamente el chavismo ha hecho todo lo posible por liquidar cualquier expresión organizativa independiente del Estado, por medio de “listas negras, asesinato de dirigentes sindicales, despido de trabajadores estatales no afectos al chavismo y manipulación de elecciones gremiales”[12].

Pero, ¿de qué manera se puede materializar esta solidaridad desde el resto de países? La estrategia adoptada por las movilizaciones pro-palestina en todo el mundo dan una pista inicial para la solidaridad con Venezuela: llevar la guerra a nuestros territorios. Pero, pese a las movilizaciones y ocupaciones de universidades, el Genocidio continua hasta el momento en que este texto se escribe. La solidaridad con Venezuela, que es mucho menos extendida que con el genocidio palestino, sobre todo ahora que se ha instalado el relato de EE.UU como quién liberó al país del comunismo. Por tanto, las acciones en solidaridad deben de priorizar una estrategia más directa y concentrada en el principal enemigo: Estados Unidos, que les permita sobrellevar la ausencia de un apoyo multitudinario, pero que sobretodo, sea capaz de comprender la ocupación estadounidense de venezuela, no sólo como una cuestión de la defensa a la soberanía, sino como una amenaza declarada abiertamente a todos los países de la región, que constata su participación —sea consciente o no—, en las actuales modalidades de la guerra global.


[1] Para profundizar al respecto de la noción de guerra civil global léase: Nueva Icaria, Nuevos fascismos y la reconfiguración de la contrarrevolución global, 2025 [Leer aquí]. La obra de Maurizio Lazzarato y de Tiqqun con respecto a la guerra también son útiles. Por otra parte, los análisis del EZLN y de los Kurdos también se refieren a la vigencia de una guerra mundial (aunque con diferencias). Según el EZLN esta nueva guerra mundial (la Cuarta según ellos) comparte una serie de constantes con las anteriores: el reordenamiento territorial, la destrucción del enemigo y la administración de la conquista.

[2] Nueva Icaria, Nuevos fascismos y la reconfiguración de la contrarrevolución global, 2025 [Leer aquí].

[3] Nos referimos al tratado celebrado en 1494 entre los representantes de Isabel y Fernando, reyes de Castilla y de Aragón, por una parte, y los del rey Juan II de Portugal, por la otra. Este tratado tenía como motivo el reparto del Nuevo Mundo (América) y de las rutas del océano atlántico para evitar un conflicto entre España y Portugal.

[4] Estados Unidos más que tratar con Europa como bloque, (ante la debilidad de la OTAN), priorizará únicamente las relaciones más beneficiosas con países europeos y con gobiernos que se asemejen más a su política.

[5] En su primer mensaje como presidenta, Delcy Rodriguez, quién se encontraba fuera del país para el momento de la captura de Maduro y su esposa, anunció que en su gobierno se trabajaría conjuntamente con Estados Unidos para lograr el desarrollo del país. “Delcy Rodríguez llama a la cooperación con Estados Unidos en su primer mensaje como presidenta encargada de Venezuela”, La Tercera, 2025. [Leer aquí].

[6] Colombia y Brasil reforzaron inmediatamente sus fronteras luego de la intervención estadounidense en su país vecino, de la misma manera lo hizo Chile que aunque no posee frontera con Venezuela, si es considerado uno de los destinos favoritos de la diáspora venezolana.

[7] En la rueda de prensa del día 3 de enero, Trump no tardó en reafirmar la buena relación que dice tener con Xi Jiping y Putin: “Tengo una muy buena relación con Xi y no habrá ningún problema. Van a conseguir petróleo. Eso se mantendrá como estaba, sin cambios. Con Rusia también estamos en negociaciones y vamos a llegar a buen puerto. Nos entendemos increíblemente”.

[8] Trump sobre Delcy Delgado: “Acaba de juramentar. Pero fue elegida por Maduro. Así que Marco (Rubio) está trabajando en eso directamente. Acabo de conversar con ella y, en esencia, está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”.

[9] Cómo dice de manera lúcida Arya Sahedi, “la forma ideológica del antiimperialismo es un obstáculo increíble para la construcción de un internacionalismo renovado”. A. Sahedi, The Anti-Imperialist Imperialism Club: On Left Internationalism and Iran, Heatwave, Issue 2, 2025. [Leer aquí].

[10] Proletarios Revolucionarios, Venezuela: Crisis, protestas, pugna política interburguesa y amenaza de guerra imperialista, 2024. [Leer Aquí].

[11] R. Astarita, Socialismo siglo XXI, crisis y poder militar, Revista Trasversales n° 38, 2016. [Leer aquí]

[12] R. Astarita, Ibid.

Autor: colapsoydesvio

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