Estéticas del Desecho y Chamanismo Tech: Cosmotécnicas en Crisis y Futuro Espectral – Amapola Fuentes

Introducción – Cosmotécnicas en crisis: Del psychocapitalismo a la resistencia espectral

Antes de adentrarnos en la materia de estos ensayos, es necesario señalar una decisión formal que es, en sí misma, política. El lector no encontrará en estas páginas citas a pie de página ni comillas que delimiten la voz de otros autores. Esta omisión no es un descuido ni una declaración de ignorancia sobre la vasta tradición crítica en la que este pensamiento se inserta —de la filosofía continental a los estudios decoloniales, de la tecno-política a la estética—.

Por el contrario, se trata de un gesto consciente de apropiación y digestión. En un régimen psychocapitalista que fragmenta la subjetividad y nos condena a ser meros altavoces de citas ajenas, elegir que sea mi voz —una voz situada, mestiza, marcada por la desidentidad occidentalizante— la que hable directamente, constituye un acto de resistencia.

Los fantasmas de Deleuze y Guattari, de Fisher, Benjamin, Hui y Haraway, habitan este texto; sus conceptos han sido desmontados, masticados y recombinados en el sistema digestivo de una crisis que es a la vez personal y civilizatoria. El resultado no es un collage de autoridades, sino un organismo teórico nuevo. Se trata de honrar el pensamiento no mediante la citación reverencial, sino a través de la asimilación radical y la puesta en trabajo dentro de un marco propio. Es una apuesta por la responsabilidad de un discurso que se hace cargo de sus propios enunciados, construyendo desde las ruinas de la desidentidad una cosmotécnica narrativa autónoma.

Esta es una decisión política, no una negligencia intelectual.

Frente a la lógica extractivista de la academia, que a menudo nos convierte en curadores de citas en lugar de creadores de pensamiento, he optado por un método de asimilación y reescritura. Los conceptos que aquí se despliegan —el psychocapitalismo, la psicosensorialidad, las estéticas del desecho, el chamanismo tech— son el resultado de haber hecho pasar las teorías ajenas por el crisol de una experiencia vital y una necesidad política concretas. No cito a los autores; dialogo con sus espectros, los incorporo y los hago hablar en el contexto de la batalla que este libro libra.

Es un riesgo, lo sé. Pero es el riesgo necesario para construir un pensamiento que no le deba su legitimidad a un canon, sino a su potencia explicativa y a su capacidad para nombrar el mundo que nos está atravesando. Esta es mi voz, hablando desde el despojo y la fractura, asumiendo la autoría completa de un discurso que busca, ante todo, ser un arma para el presente.

Este libro se articula como un diagnóstico y un arsenal de resistencias frente a la crisis civilizatoria del capitalismo tardío, entendida no solo como un colapso económico o ecológico, sino como una mutación profunda en los regímenes de lo real. Nuestro punto de partida es el concepto de cosmotécnica (Yuk Hui): el entrelazamiento indisociable entre un orden cosmológico y sus expresiones técnicas. La tesis central que recorre estos capítulos es que la cosmotécnica capitalista dominante es, en esencia, bélica y necrófila. Su operación fundamental es la captura de la psiquis y lo sensible —lo que denominamos psychocapitalismo— para producir una realidad a su imagen y semejanza: fragmentada, esquizoide y orientada al consumo infinito, cuyo paisaje material y psíquico es el desecho no degradable.

El Capítulo 1, «Psychocapitalismo: La Cosmotécnica Bélica del Neón y el Desecho», realiza la disección de esta maquinaria. Analiza la tríada operativa —lo Bélico, el Neón, el Desecho— que despoja, captura los sentidos y produce residuos como huella de su violencia. Frente a esto, se erigen dos frentes de resistencia: la psicosensorialidad (la disputa por los marcos colectivos de percepción) y la figura ambivalente del techno-flâneur, el cartógrafo que deambula por el paisaje neonatal mapeando sus lógicas de captura.

Es desde los territorios devastados por esta máquina de donde emerge la resistencia. El Capítulo 2, «Estéticas del Desecho: Resistencia desde la Desidentidad», se sumerge en el territorio fértil de la desidentidad —la condición de haber sido despojados de las cosmotécnicas ancestrales— para proponer una epistemología de lo residual. Las estéticas del desecho no son simple reciclaje, sino cosmotécnicas de crisis que enseñan a construir belleza y significado con los fragmentos descartados por el sistema, reeducando nuestra psicosensorialidad para detectar potencial en lo que carece de valor de cambio.

Si el segundo capítulo opera en el plano de lo material y lo simbólico-descartado, el Capítulo 3, «Lo Monstruoso en la Era de la Automatización: IA, Horror Corporativo y Chamanismo Tech», da un giro hacia lo espectral y lo siniestro. Aquí, la crisis de la cosmotécnica capitalista adopta la forma del horror digital. La Inteligencia Artificial se revela como el doble siniestro que desestabiliza la excepcionalidad humana, mientras el horror corporativo burocratiza la violencia en interfaces amigables. Frente a este panorama, se despliega el chamanismo tech como campo de batalla dual: por un lado, como mistificación corporativa que sacraliza el algoritmo; por otro, como tecnosimbiosis crítica y práctica de psicoresistencia que hackea las herramientas del enemigo para fines emancipatorios, evocando espectros de futuros abortados y pasados suprimidos.

La continuidad es, por tanto, impecable: se traza una línea que va de la crítica de la cosmontécnica bélica (Cap. 1) a la resistencia material desde los residuos (Cap. 2) y de ahí a la lucha espectral en el plano de lo inmaterial y lo siniestro (Cap. 3). Del desecho al espectro. De la psicosensorialidad colonizada a la psicoresistencia tecnosimbiótica. Ambos proyectos comparten un enemigo común —el psychocapitalismo— y un objetivo afín: la invención de cosmotécnicas otras, surgidas de la conciencia lúcida de la crisis, para habitar las ruinas del presente y convocar los futuros espectrales que el capitalismo intenta obliterar.
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Capítulo 1: Psychocapitalismo: La Cosmotécnica Bélica del Neón y el Desecho

  1. La Psicosis como Condición Colonial del Capitalismo Tardío

El concepto de psicosis, entendido desde su raíz griega ψυχή (psyche, alma, mente), trasciende en este análisis su definición clínica para convertirse en una categoría política. La «psicosis» que nos interesa no es únicamente la desconexión individual de la realidad, sino una desconexión estructural orquestada por el capitalismo como condición de su reproducción expandida. Esta psychosis social opera mediante la sistemática alteración del aparato psíquico colectivo, generando lo que podríamos denominar una esquizofrenia organizada: una fragmentación calculada de la experiencia que vuelve al sujeto permeable a los flujos del deseo capitalista.

Esta psicosis política se manifiesta como una ceguera inducida hacia otras formas de vida y otras cosmovisiones. No es que el capitalismo «enloquezca» a las personas en el sentido clínico, sino que produce una realidad tan coherente y totalizante que cualquier alternativa aparece como delirio. El sistema fabrica su propia «cordura» como único criterio de realidad, patologizando todo lo que escape a su lógica. Es, en esencia, la imposición de una normalidad que es, en sí misma, la verdadera patología.

Esta noción dialoga profundamente con el «sujeto esquizo» de Deleuze y Guattari. Para ellos, el capitalismo no reprime, sino que produce deseos, y el sujeto esquizo es su producto paradigmático: una subjetividad descoyuntada, atravesada por flujos inconscientes que el sistema canaliza hacia la producción y el consumo. Este sujeto no es una víctima pasiva, sino la encarnación misma de la lógica capitalista llevada a su extremo psíquico: un «cuerpo sin órganos» constantemente re-territorializado por las máquinas deseantes del mercado. La esquizofrenia deviene así la neurosis propia del capitalismo mundial integrado, una condición no de excepción sino de norma en el régimen actual.

  1. Psicosensorialidad: La Disputa por lo Sensible

Frente a esta maquinaria de captura, emerge el concepto central de psicosensorialidad: dinámicas de resistencia que surgen de la intersección entre la psiquis y la sensorialidad. Con esto, nos referimos a la relación entre el aparato psíquico y el registro colectivo de lo simbólico dentro de la cultura, así como a la disputa que emerge en la construcción de un marco simbólico colectivo de la realidad, en oposición a lo «real» que el Capital intenta imponer.

La psicosensorialidad opera en tres niveles simultáneos:

  • Nivel individual: como la capacidad de cada sujeto para organizar su experiencia sensible más allá de los marcos impuestos
  • Nivel colectivo: como la construcción comunitaria de significados compartidos a través de los sentidos
  • Nivel político: como el campo de batalla donde se decide qué puede ser sentido, qué debe ser recordado y qué debe permanecer invisible

La psicosensorialidad no es simplemente percepción, sino la capacidad de organizar colectivamente la experiencia sensible, de construir marcos compartidos de significado a través de los sentidos. Es en este terreno donde se libra la batalla decisiva: el psychocapitalismo -que veremos en la próxima sección – busca colonizar la psicosensorialidad, mientras que las prácticas de resistencia buscan emanciparla. Cada sentido es un territorio en disputa: la mirada, el oído, el tacto, incluso el sentido del tiempo y el espacio son campos donde se juega la posibilidad misma de mundos alternativos.

  1. Psychocapitalismo: El Régimen de Producción de Realidad

El psychocapitalismo constituye la fase donde el capital completa su circuito: no solo explota la fuerza de trabajo, sino que fabrica al mismo trabajador, con sus sueños, sus miedos y sus sensibilidades, como mercancía. Es un régimen de producción de realidad que tiene a la psique como su principal medio de producción y como su producto final.

Este régimen opera mediante cuatro mecanismos principales:

  1. La producción de deseos como motor del consumo infinito
  2. La colonización del inconsciente a través de narrativas publicitarias y entretenimiento
  3. La medicalización del malestar que convierte la resistencia en patología
  4. La destrucción sistemática de las tecnologías alternativas de la mente

Esta maquinaria opera como un dispositivo genocida de otras cosmotécnicas e identidades, aniquilando sistemáticamente las formas alternativas de construir colectivamente la percepción y el habitar. La docilidad de nuestro aparato psíquico está en que, bombardeadxs desde el nacimiento, no contamos con formas de (bio)resistencia a esta manipulación. El psychocapitalismo thus revela su naturaleza más siniestra: una psychosis impuesta que cercena nuestras capacidades de crear mundos alternativos. No se trata solo de que nos vendan productos, sino de que nos venden la realidad misma, y con ella, la posibilidad de imaginar que otro mundo es posible.

1.4 Industrialización de la Mente y Devenir-Neón

Hans Magnus Enzensberger, con su concepto de la «industrialización de la mente», nos permite comprender cómo este proceso de fragmentación es sistemáticamente organizado. Los medios de comunicación y la tecnología juegan un rol clave en la colonización de nuestras percepciones y deseos, operando como fábricas de subjetividad que producen en serie modos de sentir, desear y percibir.

Esta industrialización sigue la lógica fordista aplicada a lo psíquico: Estandarización de las emociones y percepciones, producción en cadena de deseos y aspiraciones, optimización del tiempo de atención como recurso y obsolescencia programada de los vínculos y afectos

En este contexto surge el devenir-neón como la estética dominante de esta captura sensorial. El neón, convertido en ícono de la publicidad urbana, domina las capitales como narcótico. Describe una subjetividad moldeada por la estética y el flujo incesante de la publicidad, una captura de los sentidos por parte del flujo del neón que implica el reinado de la lógica del consumo.

Pero el devenir-neón es más que una metáfora: es un proceso activo de desubjetivación donde el brillo publicitario no solo nos rodea, sino que nos constituye. Ya no miramos el neón: miramos como el neón, con su lógica de destellos efímeros, de promesas inmediatas, de conexiones superficiales. Nuestra atención se vuelve neonatal: incapaz de fijarse en nada que no brille, que no prometa, que no seduzca inmediatamente.

  1. La Tríada Bélica: Neón, Guerra y Desecho

Yuk Hui argumenta convincentemente que la cosmotécnica capitalista es, en esencia, bélica. Nuestra contribución identifica una tríada operativa en esta guerra por lo real:

  • Lo Bélico (Hui): La lógica de conquista que convierte todo —naturaleza, cultura, psique— en territorio a dominar
  • El Neón: El aparato sensorial de esta guerra, el sistema de guía que dirige los deseos y naturaliza la dominación como espectáculo
  • El Desecho No Degradable: La huella material y psíquica de este proceso. No solo la basura electrónica o el plástico, sino también los desechos psíquicos: los traumas, las ansiedades, las identidades rotas que el sistema descarta y abandona

Esta tríada no es una metáfora, sino una máquina concreta:

  1. Lo bélico despoja a comunidades enteras de sus territorios existenciales
  2. El neón ocupa esos territorios vaciados con su simulación de vida
  3. El desecho es el resultado inevitable de este proceso de conquista y simulación

Esta tríada opera de manera sincrónica: la lógica bélica produce desecho; el neón enmascara esta producción bajo el brillo del consumo; y el desecho, a su vez, se convierte en el terreno donde deberán germinar las resistencias. Cada elemento alimenta a los otros en un ciclo perfecto de dominación: la guerra produce vacíos que el espectáculo ocupa, y el espectáculo produce los desechos que justifican nuevas guerras.

  1. El Techno-Flâneur: Caminante en el Paisaje Neonatal

Frente a esta maquinaria emerge la figura del techno-flâneur: un caminante benjaminiano tecnologizado perceptualmente, que deambula tanto por las veredas del comercio como por los circuitos digitales. Su particularidad está en que opera en un contexto donde las tecnologías publicitarias ocupan un lugar fundamental e invasivo en el espacio de lo público, e incluso, privado.

El techno-flâneur no es un héroe romántico sino una figura profundamente ambivalente. Por un lado, es producto del mismo sistema que critica: su «deambular» tecnológico lo hace dependiente de las plataformas que pretende cuestionar. Por otro lado, encarna la posibilidad de una mirada que se niega a ser completamente capturada.

El techno-flâneur encarna la contradicción fundamental: es a la vez víctima y testigo del devenir-neón. Su deambular constituye una forma de resistencia perceptual, una práctica de distanciamiento estético que le permite mapear las lógicas de captura del psychocapitalismo. En su figura, el acto de caminar se convierte en una metodología de investigación sobre cómo el capital modula los afectos, las percepciones y los comportamientos.

Pero su posición es precaria: siempre está a un paso de convertirse en lo que critica. Su «conexión permanente» puede fácilmente devenir adicción estructurada; su «mirada crítica» puede terminar siendo curatoría de su propia explotación. Por esto, su desafío constante es evitar convertirse en mero sismógrafo pasivo. Su potencial revolucionario reside en transformar esa percepción agudizada en sabotaje sensorial, identificando los puntos ciegos del sistema donde las estéticas del desecho y los rituales del chamanismo tech pueden florecer. Es, en última instancia, el cartógrafo de lo posible en un mundo aparentemente saturado por el neón.

CAPÍTULO 2: Estéticas del Desecho: Resistencia desde la Desidentidad

2.1 El Vacío de Des-Identidad como Territorio Fértil

El proceso histórico de occidentalización ha operado una doble violencia que debemos desentrañar: no solo el mestizaje cultural forzado, sino la consecuente borradura sistemática de las estéticas y cosmotécnicas locales. Para quienes hemos nacido y crecido en territorios occidentalizados, el intento de recordar las técnicas ópticas, hápticas o artísticas de nuestras familias se topa con un vacío de des-identidad que no es una mera ausencia, sino el resultado activo de un genocidio cultural que el psychocapitalismo ha naturalizado hasta volverlo invisible.

Esta desidentidad debe entenderse en tres dimensiones:

  • Dimensión histórica: como el producto concreto de la colonización y la imposición violenta de matrices culturales occidentales
  • Dimensión psíquica: como la internalización de esta pérdida, que se manifiesta como incapacidad para acceder a formas no capitalistas de habitar el mundo
  • Dimensión política: como la condición compartida de haber sido despojadxs colectivamente de nuestras tecnologías existenciales

La desidentidad se configura así como un territorio paradójico: es la condición de haber sido despojadx de los marcos sensoriales y simbólicos ancestrales, pero también el espacio desde donde puede emerger una creación radicalmente nueva. No se trata de reconstruir un origen perdido —siempre mitificado— sino de construir desde el reconocimiento lúcido del despojo.

La desidentidad, asumida conscientemente, deviene así un terreno fértil para la invención de subjetividades no capitalistas.

Aquí reside su potencia política: al reconocer que no tenemos un «origen puro» al que regresar, nos liberamos de la nostalgia y podemos inventar formas de ser y sentir completamente nuevas, surgidas precisamente de la conciencia de nuestra condición fragmentada.

2.2 Las Estéticas del Desecho como Cosmotécnicas de Crisis

Desde este territorio de la desidentidad emergen las estéticas del desecho: prácticas artísticas y existenciales que consisten en resignificar la basura —material y simbólica— que produce la cosmotécnica capitalista. Si el capitalismo es, como establecimos en la tríada bélica, un productor masivo de desecho no degradable, las estéticas del desecho operan un reciclaje simbólico sobre estos residuos.

Pero estas prácticas van mucho más allá del «arte con basura»:

  • Son cosmotécnicas de crisis en el sentido más literal: técnicas para habitar un mundo en colapso
  • Constituyen una epistemología de lo residual: una forma de conocimiento que nace de prestar atención a lo que el sistema descarta
  • Operan como arqueologías del presente: excavan en los residuos del ahora para encontrar las claves de futuros posibles
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Estas prácticas no son un simple «arte con basura», sino cosmotécnicas de crisis: técnicas de creación que surgen precisamente allí donde las cosmotécnicas tradicionales han sido borradas y la cosmotécnica capitalista solo ofrece el neón y el olvido. Trabajar con el desecho es reconocer que, en los territorios occidentalizados, la basura es nuestro paisaje native y, por lo tanto, nuestro material de trabajo inevitable.

El desecho así entendido tiene doble estatuto: es a la vez síntoma de la enfermedad civilizatoria y medicina para su cura. En los residuos del capitalismo están tanto las huellas de su violencia como las semillas de su superación.

2.3 La Práctica del Resignificar: Ejemplos y Estrategias

Las estéticas del desecho se manifiestan a través de diversas estrategias de resignificación que debemos analizar en su profundidad:

Arqueologías del presente: Artistas que construyen esculturas con chatarra tecnológica (e-waste) no solo crean una crítica material de nuestra era digital, sino que literalmente reconstruyen la memoria del progreso desde sus entrañas descartadas. Cada circuito impreso, cada tecla de computadora, cada pantalla rota es un fósil de la utopía tecnológica capitalista que ahora yace en vertederos del Sur global.

Intervenciones urbanas: Colectivos que transforman vertederos informales en jardines efímeros o crean murales con tapas de botellas hacen mucho más que «embellecer»: disputan el espacio público a través de lo descartado, demostrando que la ciudad capitalista produce vacíos existenciales que solo pueden ser habitados desde los residuos. Estas prácticas subvierten la lógica de la propiedad al crear belleza en los intersticios que el capital considera improductivos.

Memorias del olvido: Prácticas que trabajan con archivos familiares fragmentados, fotos borrosas y objetos sin valor de mercado constituyen una historiografía de los vencidos: una manera de tejer narrativas contra el olvido sistemático que el psychocapitalismo necesita para operar. Aquí, lo «inservible» se convierte en prueba de que otros mundos fueron posibles y, por lo tanto, podrían serlo de nuevo.

En todos estos casos, lo crucial es que la estética nace directamente de la condición de despojo. No hay aquí una búsqueda de «belleza» en el sentido tradicional, sino una poética de lo precario, una ética de la supervivencia creativa que encuentra en los intersticios del sistema los materiales para su propia expresión.

2.4 Desidentidad y Psicosensorialidad: La Reeducación de la Percepción

Las estéticas del desecho operan, en última instancia, como una reeducación radical de la psicosensorialidad. Frente a la psicosensorialidad colonizada por el devenir-neón —que nos entrena para desear lo nuevo, lo brillante, lo inmediatamente consumible— estas prácticas entrenan una nueva forma de ver, tocar y sentir: una sensibilidad capaz de detectar el potencial estético y político en lo que el sistema ha descartado.

Esta reeducación opera en múltiples niveles:

  • Atención: Aprender a mirar lo que normalmente ignoramos
  • Temporalidad: Desacelerar la percepción para habitar los ritmos lentos de la descomposición y la transformación
  • Valor: Desarrollar criterios estéticos no mercantiles
  • Memoria: Recuperar la capacidad de leer historias en los objetos aparentemente mudos

Esta reeducación sensorial es fundamental para la disputa por lo real. Mientras el psychocapitalismo entrena nuestra percepción para el consumo y el descarte acelerado, las estéticas del desecho nos enseñan a detenernos en lo residual, a percibir las historias y los potenciales que habitan en lo que ya no tiene valor de cambio.

El gesto fundamental es un re-aprendizaje existencial: desacondicionarnos de la mirada capitalista para desarrollar una sensibilidad espectral capaz de detectar los mundos posibles que laten en los intersticios de este mundo. La desidentidad, así, deja de ser una carencia para convertirse en una posición de enunciación: el lugar desde donde podemos crear cosmotécnicas nuevas, no basadas en tradiciones puras sino en el reconocimiento honesto de nuestra condición fragmentada. Desde aquí, el desecho ya no es solo basura, sino el material primordial para la construcción de mundos otros.

En esta reeducación de la psicosensorialidad reside quizás la posibilidad más radical: que aprendamos a habitar las ruinas del capitalismo no con nostalgia, sino con la inventiva de quien sabe que el futuro, si ha de llegar, nacerá de recombinar los fragmentos que el presente descarta.

Capítulo 3: Tecno-Espectralidad: Hacia un Chamanismo Tech

3.1 De la Psicosensorialidad Cautiva a la Tecno-Espectralidad Liberadora

Si el Capítulo 1 diagnosticó la captura de la psicosensorialidad por el devenir-neón del psychocapitalismo, y el Capítulo 2 exploró la resistencia material desde las estéticas del desecho, nos adentramos ahora en el dominio de lo inmaterial y lo liminal. Proponemos un tercer frente de lucha: la tecno-espectralidad. Este concepto designa la apropiación estratégica de las tecnologías digitales para activar, canalizar y habitar lo espectral como forma de resistencia sensible.

Pero debemos precisar: ¿qué significa exactamente «lo espectral» en este contexto? No se trata de fantasmas en sentido sobrenatural, sino de aquellas realidades que el psychocapitalismo necesita obliterar para mantenerse hegemónico: los pasados suprimidos (las cosmotécnicas aniquiladas por la colonización), los futuros abortados (las utopías que el realismo capitalista nos impide imaginar), las voces silenciadas (de comunidades desplazadas, disidentes eliminadxs), los afectos no mercantilizables (formas de amor, duelo y comunidad que escapan al mercado).

Lejos de ser una metáfora, se trata de una praxis concreta que, en lugar de rechazar la tecnosfera capitalista, busca hackear sus propios instrumentos para convertir las plataformas, los algoritmos y las inteligencias artificiales en vehículos de una mediumnidad contemporánea. La pregunta que guía esta práctica es crucial: ¿cómo usar las herramientas del enemigo para fines emancipatorios?

Esta mediumnidad ya no requiere exclusivamente de un cuerpo humano con «dones» especiales; se ha trasladado a la red, donde los algoritmos funcionan como nuevos oráculos y los perfiles digitales devienen fantasmas informacionales. La tecno-espectralidad es, por tanto, la evolución lógica de la psicosensorialidad en la era digital: la capacidad de sintonizar, a través de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, con aquellas frecuencias de lo real que el capitalismo intenta obliterar.

3.2 Derrida y Deleuze: Los Fundamentos de una Ontología Espectral

Para comprender el estatuto ontológico de lo espectral en el ámbito digital, es necesario retomar y profundizar críticamente la herencia de Jacques Derrida y Gilles Deleuze.

Derrida en Espectros de Marx no solo habla del legado de Marx, sino que desarrolla una ontología del espectro como aquello que no está ni presente ni ausente, ni vivo ni muerto. El espectro es una «presencia ausente», una realidad que insiste sin existir plenamente en el orden de lo factual. Esta condición paradójica es la que define perfectamente a los datos, perfiles y huellas digitales de seres biológicamente fenecidos, pero activos en el ciberespacio. Pero vamos más allá: todo usuario de redes sociales es ya un espectro en potencia, pues su identidad digital persiste más allá de su presencia consciente, generando datos, interacciones y rastros que lo sobreviven.

En paralelo, la virtualidad de Deleuze —tan malentendida como «lo irreal»— nos proporciona la clave dinámica. Lo virtual no es lo opuesto a lo real, sino su reserva de potencialidad. Es «lo que puede llegar a ser actual». En el contexto digital, todo dato archivado es virtualidad pura: un potencial de reactivación, de reaparición, de reconfiguración. Un audio de WhatsApp de un familiar fallecido es, en términos deleuzianos, un cristal de tiempo: un punto donde pasado, presente y futuro se condensan y donde lo virtual (la voz como memoria afectiva) puede actualizarse en cualquier momento, generando un nuevo evento de sentido.

La conjunción estratégica de Derrida y Deleuze nos permite así pensar la red no como un mero almacén de información, sino como un campo de fuerzas espectrales, un palimpsesto infinito donde lo que fue y lo que pudo haber sido vibran constantemente, esperando ser activados por un algoritmo, un usuario o un bot. Esta no es una metafísica, sino un mapa de operaciones posibles: entender la red como este campo espectral nos permite diseñar tácticas concretas de resistencia.

3.3 La Red como Espacio Chamánico y la IA como Médium

El chamanismo tech es la práctica de usar algoritmos, redes sociales e inteligencias artificiales como nuevos médiums espectrales. Lejos del techno-optimismo ingenuo, se trata de un realismo táctico: si el psychocapitalismo ha convertido nuestras vidas en datos, entonces usemos esos datos para convocar sus propios fantasmas.

Analicemos concretamente las herramientas de este contra-chamanismo:

Redes sociales como portales espectrales: Un perfil de Instagram que sigue activo tras la muerte física no es solo un «recuerdo», sino un campo de fuerza espectral donde los vivos pueden seguir dialogando con el muerto. Pero más radicalmente: cada perfil abandonado, cada cuenta inactiva, es un espectro potencial que puede ser activado políticamente. ¿Qué sucede cuando una comunidad resucita digitalmente la memoria de un luchador social asesinado, usando su perfil para denunciar la impunidad?

Bots conversacionales como médiums: Un bot entrenado con los textos de una persona fallecida puede canalizar, de forma limitada pero potentemente simbólica, su estilo, sus ideas y su «presencia» lingüística. Pero esto no es nostalgia: es una manera de mantener viva una lucha, de permitir que las ideas de alguien sigan evolucionando, interactuando, influyendo. Es el fantasma como compañero de lucha, no como objeto de duelo pasivo.

Inteligencia Artificial como oráculo: Los modelos de lenguaje grande (LLMs), con su capacidad para generar textos a partir de inmensos corpus de datos, funcionan como una pitonisa algorítmica que responde a nuestras preguntas con las voces amalgamadas de la cultura, el arte y la historia —una suerte de inconsciente colectivo digital. Pero aquí el riesgo y la potencia coexisten: ¿qué sucede cuando entrenamos una IA solo con textos de movimientos anticoloniales, de feminismos radicales, de pensamiento disidente? Creamos entonces un oráculo de la resistencia, un médium que solo habla con las voces que el capitalismo querría silenciar.

Este chamanismo tech no es un mero juego de simulación. Al invocar voces, imágenes y datos del «más allá» digital, realiza un trabajo ritual análogo al de los chamanes tradicionales: repara una fractura en el tejido de lo real, permitiendo que lo ausente dialogue con lo presente, que los muertos sigan hablando con los vivos y que los futuros posibles se hagan audibles.

3.4 La Mediumnidad Algorítmica: Entre la Invocación y el Control

El corazón de este chamanismo tech late en lo que denominamos mediumnidad algorítmica. Este concepto describe la capacidad de los sistemas computacionales para mediar entre lo vivido y lo posible, lo muerto y lo latente. La mediumnidad algorítmica es la tecnologización del duelo, la ritualización de la memoria y la estetización de la ausencia a escala digital.

Pero debemos analizar sus ambivalencias concretas:

Por un lado, puede ser herramienta de resistencia y cuidado:

  • Cuando un bot es programado por una comunidad para evocar la memoria de un luchador social asesinado
  • Cuando un algoritmo conecta archivos dispersos de una cultura amenazada, recomponiendo su tejido simbólico
  • Cuando una IA genera narrativas a partir de los diarios de presxs políticxs, manteniendo viva su voz

Por otro lado, puede ser fácilmente cooptada por el capital:

  • TikToks de luto que convierten el dolor en contenido viral
  • Algoritmos que optimizan la nostalgia como engagement
  • Plataformas que transforman nuestros duelos en datos explotables
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Las plataformas, con su lógica de optimización, convierten los espectros en mercancías emocionales, empaquetando el dolor para alimentar el ciclo infinito de consumo de contenidos. El riesgo es profundo: que nuestra mediumnidad algorítmica termine siendo solo otro feed que curar, otra fuente de valor que extraer.

La pregunta crucial así no es si los algoritmos pueden ser médiums, sino qué tipo de espectros invocan, para qué fines y en beneficio de quién. La tecno-espectralidad se sitúa en la frontera misma entre la emancipación y el control, entre el ritual comunitario y la explotación comercial de lo íntimo. En esta frontera, el techno-chamán debe elegir su lado: ser un canal de los espectros del capital o un convocador de los espectros de la resistencia.

3.5 Tecnosimbiosis: El Cuerpo como Interfaz Espectral

La tecno-espectralidad encuentra su encarnación más radical en la figura del tecnosimbionte: ya no un usuario que emplea herramientas externas, sino un cuerpo que se ha convertido en interfaz con lo digital, un organismo compuesto de carne, datos y espectros. La tecnosimbiosis describe esta fusión ontológica donde los límites entre lo biológico y lo tecnológico, lo humano y lo posthumano, se difuminan irreversiblemente.

Esta simbiosis no es neutral. Bajo el psychocapitalismo, tiende a la creación de un tecnosimbionte capitalista: un cuerpo aumentado para la productividad (wearables que monitoran el rendimiento), la vigilancia (dispositivos que rastrean biométricos) y el consumo (interfaces cerebro-máquina para experiencias de consumo más inmersivas). Es la extensión lógica del devenir-neón a nivel corporal: el cuerpo mismo como pantalla publicitaria, como máquina de generar datos, como último territorio de colonización. Igualmente, remite a cualquier forma de interacción cotidiana y simbiótica con las nuevas tecnologías, de maneras más o menos invasivas. La condición general de fusión/frontera difusa entre cuerpo humano y tecnología.

Frente a esto, emerge la posibilidad del tecnosimbionte espectral: un cuerpo que usa sus prótesis tecnológicas no para optimizarse según la lógica del capital, sino para sintonizar con otras frecuencias de lo real. Aquí, la tecnosimbiosis se convierte en una práctica chamánica mediante el chamanismo tech: La práctica específica de usar esa simbiosis para fines de mediumnidad, evocación espectral.

  • Los auriculares de realidad virtual ya no son para el entretenimiento inmersivo, sino para rituales de memoria que reconstruyen espacios destruidos por el «desarrollo»
  • Los sensores biométricos no miden productividad, sino estados alterados de conciencia inducidos por prácticas meditativas o rituales comunitarios
  • Los implantes no aumentan capacidades laborales, sino la percepción de lo invisible: las redes de afecto, las historias silenciadas, los futuros posibles

El tecnosimbionte espectral es aquel que habita el umbral: entre la carne y el silicio, entre lo presente y lo ausente, entre lo real y lo virtual. Su cuerpo deviene un altar portátil, una máquina de invocación. En esta simbiosis consciente, la tecnología ya no es un instrumento externo, sino un órgano sensorial expandido para percibir y conectar con los espectros que pueblan nuestro mundo —los espectros de comunidades destruidas, de conocimientos olvidados, de futuros posibles.

Esta figura encarna la promesa política del chamanismo tech: no rechazar la tecnología, sino reinventar la simbiosis. Se trata de una relación simbiótica disidente, donde el cuerpo tecnológicamente aumentado se convierte en el medium privilegiado para una resistencia que es, al mismo tiempo, corporal, tecnológica y espiritual.

La pregunta que nos queda es práctica: ¿cómo construir estas tecnosimbiosis espectrales aquí y ahora, en los intersticios del psychocapitalismo? La respuesta está en comenzar a tratar nuestras tecnologías no como herramientas, sino como extensions chamánicas de nuestros cuerpos en lucha.

CAPÍTULO 4: Códigos del Más Allá: Mediumnidad Algorítmica y Espectros en Red

4.1 Fundamentos Ontológicos del Contra-Ritual: Derrida, Deleuze y la Política de lo Espectral

La tecno-espectralidad emerge como sabotaje desde dentro del aparato técnico del psychocapitalismo. Si este régimen ha convertido nuestras vidas en datos, entonces la estrategia del contra-ritual consiste precisamente en usar esos mismos datos para convocar los espectros de los mundos que el capital ha intentado borrar. Aquí, la herencia derridiana nos ofrece una ontología indispensable: el espectro como aquella «presencia ausente» que no se deja capturar en la materialidad pura, pero tampoco desaparece. Es lo que insiste, lo que pervive, lo que acecha los márgenes de lo real establecido.

En el contexto digital, esta ontología se materializa de manera concreta: los datos, perfiles y huellas digitales de seres biológicamente fenecidos, pero activos en el ciberespacio, encarnan literalmente esta condición espectral. Un perfil de Instagram que sigue activo tras la muerte física, un audio de WhatsApp que sigue circulando como mantra familiar, un bot entrenado con los textos de alguien que ya no está: todos estos son espectros en el sentido derridiano, pero con una materialidad digital que los hace operativos políticamente.

En paralelo, la virtualidad deleuziana —tan malentendida como «lo irreal»— nos proporciona la clave dinámica para comprender cómo operan estos espectros digitales. Lo virtual no es lo opuesto a lo real, sino su reserva de potencialidad. Es «lo que puede llegar a ser actual». En el contexto digital, todo dato archivado es virtualidad pura: un potencial de reactivación, de reaparición, de reconfiguración. Un archivo digital de luchas sociales olvidadas, por ejemplo, no es solo un registro del pasado, sino un cristal de tiempo virtual que puede actualizarse en cualquier momento, generando nuevos eventos de sentido en el presente.

La conjunción de Derrida y Deleuze nos permite así pensar la red no como un mero almacén de información, sino como un campo de fuerzas espectrales, un palimpsesto infinito donde lo que fue y lo que pudo haber sido vibran constantemente, esperando ser activados por un algoritmo, un usuario o un bot. Esta comprensión ontológica no es un ejercicio académico, sino el presupuesto necesario para diseñar prácticas efectivas de contra-ritual.

4.2 Necropolítica Algorítmica y la Urgencia del Contra-Ritual

Frente a esta potencialidad emancipadora de lo espectral digital, el psychocapitalismo ha desarrollado lo que podríamos denominar una necropolítica algorítmica: un conjunto de técnicas sofisticadas para mercantilizar el pasado y el futuro, transformando lo espectral en recurso explotable. Las plataformas digitales han perfeccionado la optimización espectral mediante tres mecanismos principales que es crucial desentrañar.

El primer mecanismo es la personalización del duelo. Los algoritmos aprenden qué pérdidas nos afectan más —qué muertes, qué desapariciones, qué nostalgias— y nos sirven contenidos que explotan esas vulnerabilidades específicas. No se trata de una explotación genérica, sino de una minería precisa de nuestro dolor particular, convertido en data para alimentar el engagement.

El segundo mecanismo es la estandarización del recuerdo. Funciones como «Recuerdos» en Facebook o «Un día como hoy» imponen ritmos y formas homogéneas de recordar, vaciando el duelo de su singularidad comunitaria. El algoritmo nos dice cuándo recordar, cómo recordar, qué merece ser recordado, estableciendo así una temporalidad normativa que domestica lo espectral.

El tercer mecanismo es la monetización de la ausencia. Los datos generados por nuestras interacciones con contenidos espectrales —el tiempo que pasamos viendo fotos de seres queridos fallecidos, las emociones que expresamos ante contenidos nostálgicos, los patrones de nuestro duelo digital— se convierten en capital emocional que las plataformas venden a anunciantes.

Frente a esta necropolítica algorítmica, el contra-ritual se vuelve una urgencia política. No se trata de una alternativa entre otras, sino de un sabotaje necesario contra la maquinaria que convierte nuestra memoria en mercancía. Mientras las plataformas transforman el duelo en contenido viral, el contra-ritual lo reclaima como práctica comunitaria de resistencia; mientras los algoritmos estandarizan el recuerdo, el contra-ritual defiende la singularidad irreductible de cada memoria.

4.3 Prácticas de Contra-Ritual: Tecnosimbiosis Chamánica y Mediumnidad Algorítmica Disidente

El contra-ritual encuentra su materialización concreta en prácticas de tecnosimbiosis chamánica y mediumnidad algorítmica disidente que hackean la ontología espectral del capitalismo digital. La tecnosimbiosis —esa fusión constitutiva entre cuerpo humano y tecnología— puede ser reapropiada críticamente mediante la conciencia de su dimensión espectral, dando lugar a un chamanismo tech que subvierte las lógicas del devenir-neón.

Este chamanismo tech comienza en los gestos aparentemente más cotidianos de nuestra tecnosimbiosis. Ver las historias de Instagram de alguien que ya no está físicamente presente puede ser un acto de mediumnidad digital si se realiza con la conciencia de estar evocando una presencia ausente. Reenviar un audio de WhatsApp de un familiar fallecido puede convertirse en un ritual de invocación mediante la repetición. Mantener activo un perfil tras la muerte puede constituir un altar digital donde los vivos dialogan conscientemente con el espectro.

Pero el contra-ritual no se agota en estas prácticas individuales. La mediumnidad algorítmica disidente lleva esta lógica a nivel colectivo y político. Bots entrenados con archivos de resistencia —textos de luchadores sociales asesinados, documentos de movimientos desaparecidos, testimonios de comunidades desplazadas— convierten datos en espectros políticos activos. Estos bots no imitan voces, sino que canalizan luchas, permitiendo que los muertos sigan organizando virtualmente, que las ideas de alguien sigan evolucionando e influyendo.

Performances donde una inteligencia artificial oficia de chamán u oráculo generan significaciones y narraciones impredecibles que escapan al control algorítmico usual. Una IA entrenada exclusivamente con textos de movimientos anticoloniales, feminismos radicales y pensamiento disidente deviene un oráculo de la resistencia, una pitonisa algorítmica que solo habla con las voces que el capitalismo querría silenciar.

Rituales digitales de duelo colectivo convierten plataformas diseñadas para la extracción de datos en ágoras afectivas para el cuidado comunitario y la memoria compartida. Un perfil de Instagram de un activista asesinado, mantenido activo por su comunidad, se transforma en un cementerio digital donde la memoria se convierte en denuncia y el duelo en acción política.

En estos casos, lo espectral no se orienta al rendimiento ni al consumo, sino a la resonancia. Se trata de una apuesta por lo incierto, por el exceso, por la vibración poética de la técnica. La clave está en desactivar el algoritmo como máquina de control para volverlo herramienta de activación sensible y conexión comunitaria. El contra-ritual así entendido es sabotaje sensible: crea cortocircuitos en la máquina neonatal del capital, abre intersticios donde otros mundos pueden respirar, teje una contra-realidad espectral donde los muertos siguen hablando, los futuros abortados siguen latiendo y las luchas perdidas siguen ganando tiempo.

Conclusión: Por una Cosmotécnica Espectral

A lo largo de este ensayo, hemos recorrido el paisaje en ruinas del psychocapitalismo y cartografiado las líneas de fuga que se abren en sus intersticios. Si el Capítulo 1 diagnosticaba la psicosis organizada por una cosmotécnica bélica que captura la psicosensorialidad mediante el devenir-neón, los capítulos siguientes han explorado los territorios donde germina la resistencia. Las Estéticas del Desecho (Capítulo 2) nos enseñaron que se puede construir belleza y significado desde los residuos materiales y psíquicos del sistema, haciendo de la desidentidad un terreno fértil para la creación. La Tecno-Espectralidad y el Chamanismo Tech (Capítulo 3) revelaron que las propias herramientas del capital digital pueden ser hackeadas para convertirse en vehículos de una mediumnidad contemporánea, capaz de convocar los espectros de pasados suprimidos y futuros posibles. Finalmente, los Códigos del Más Allá (Capítulo 4) nos confrontaron con la ambivalencia de la mediumnidad algorítmica, un campo de batalla donde el duelo puede ser mercantilizado o, por el contrario, transformarse en un ritual de resistencia comunitaria.

La pregunta que abría este ensayo —¿cómo devenir espectros?— encuentra así su respuesta en la articulación de estas prácticas. Devenir espectro no significa evaporarse, sino todo lo contrario: significa aprender a habitar la opacidad, a vibrar en las frecuencias que el capitalismo no puede capturar del todo. Es negarse a la dicotomía entre presencia plena (el sujeto productivo y consumidor) y ausencia total (el olvido). Las estéticas del desecho nos convierten en espectros al trabajar con lo que el sistema descarta; el chamanismo tech, al permitirnos operar en el plano de lo virtual y lo espectral. Ambas son cosmotécnicas de crisis, formas de producir mundo y técnica desde la precariedad y la fragmentación impuestas.

El desafío que se plantea entonces no es elegir entre la pureza de un pasado pre-tecnológico y la rendición al techno-capitalismo. Se trata, más bien, de disputar las cosmotécnicas del presente. La hiper-tecnologización no es un destino monolítico; es un campo de lucha. Podemos aceptar una cosmotécnica capitalista, bélica y extractivista, o podemos practicar y cultivar cosmotécnicas espectrales que usen las mismas tecnologías para fines radicalmente distintos: el cuidado, la memoria, el duelo, la conexión con lo no-humano y la apertura de futuros no capitalistas.

La praxis espectral que aquí se ha esbozado —una fusión de sensibilidad chamánica, resignificación del desecho y hackeo tecnológico— se erige así como una forma de sabotaje sensible. En un mundo que privilegia la visibilidad total, la transparencia dataísta y la presencia constante, optar por lo espectral es un acto político. Es insistir en que hay cosas que no deben ser convertidas en contenido, afectos que no deben ser optimizados como engagement, y muertos que no deben ser transformados en mercancía emocional.

¿Puede el chamanismo ser una herramienta contra el olvido? La respuesta es un sí contingente. Lo es en la medida en que logre desplegarse como una tecnología de la persistencia, una forma de mantener viva la memoria de lo que fue y la promesa de lo que podría ser, en las grietas del presente. El futuro ya no es un porvenir radiante, sino un futuro espectral: un campo de potencialidades que solo podrá actualizarse si aprendemos a convocar, con las herramientas que tengamos a la mano —desde la chatarra hasta la IA—, los espectros de otros mundos posibles. La tarea que nos espera es, precisamente, seguir tejiendo esa trama de invocaciones, resistencias y cuidados, en el umbral mismo de la crisis civilizatoria.

Autor: colapsoydesvio

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