Este texto de Cello Latini Pfeil y Bruno Latini Pfeil apareció en el número 2 de la Revista trans-libertaria en el año 2025. Se encuentra también disponible en el Portal OACA con la traducción desde el original en portugués por Tía Akwa.
Iniciamos con una breve contextualización.
El 10 de mayo de 2024, el gobierno peruano publicó el decreto supremo n.º 009-2024-SA, que patologiza las identidades trans bajo la justificación de que la asociación de la transexualidad con ‘patologías mentales’ podría facilitar el acceso a la atención médica. Dicho decreto reconsideraba la definición de “transexualismo” tal como figuraba en la décima versión del código internacional de enfermedades – vigente hasta 2022 – y desestimaba la undécima versión del código, que actualmente emplea el término “incongruencia de género”. Unos 20 días después, se realizó una protesta frente al ministerio de salud peruano, con el lema “¡Nada que curar!”, que recorrió las calles hasta el palacio de justicia, exigiendo la derogación del decreto.
En ese período, alarmados por la noticia de que nuestrxs compañerxs peruanxs estaban en riesgo de perder su acceso básico a la salud, conversamos casualmente con una militante anarquista cisgénero cercana a nosotros y nos quejamos del silencio compartido por la militancia frente a la situación que ocurría en Perú. Ella nos preguntó: “¿pero cómo nos afecta eso a nosotros?”.
Cerca de un año después, en mayo de 2025, el consejo federal de medicina de Brasil publicó la resolución 2427/25. Dicha resolución, que ya no está en vigor tras acciones jurídicas de organizaciones trans, prohibía las cirugías de afirmación de género para menores de 21 años, exigía un mínimo de un año de acompañamiento psiquiátrico para toda persona trans que quisiera hormonizarse y dificultaba el acceso a servicios de salud especializada para personas trans menores de 18 años. En ese mismo mes, el movimiento trans organizado salió a las calles. Esta resolución representó un verdadero retroceso con respecto a los recientes logros en políticas públicas para la comunidad trans en el país.
Foto de la manifestación en Río de Janeiro, en mayo de 2025, contra la resolución del consejo federal de medicina. En la pancarta se lee «CFM transfóbico. Deroga la Resolución 2427/2025. Esto es política de muerte». En la pancarta en el suelo se lee «Por una salud trans autónoma». Fuente: Archivo de los autores.

Aún después de las reacciones judiciales contra la resolución, sus impactos siguen siendo fuertes en la atención de salud. Dispositivos públicos de salud brasileños han difundido informaciones que no corresponden a la resolución, que de por sí ya es transfóbica, y están actuando de manera arbitraria e inconsistente. Algunos ambulatorios trans han solicitado nuevamente acompañamiento psicológico, además del psiquiátrico, por lo menos durante 1 año para que la persona trans pueda iniciar la hormonoterapia. Esto es arbitrario, conforme a la propia resolución.
No consta en ningún momento en la resolución la solicitud de acompañamiento psicológico. El artículo que trata del acompañamiento previo para la hormonoterapia en la resolución es: “Art. 6º, §3º: El paciente que opte por terapia hormonal cruzada deberá: I – iniciar evaluación médica, con énfasis en acompañamiento psiquiátrico y endocrinológico por, como mínimo, 1 (un) año antes del inicio de la terapia hormonal, conforme PTS”.
Lo mismo ocurre en relación con los procedimientos quirúrgicos: “Art. 7º §2º: Los procedimientos quirúrgicos de afirmación de género previstos en esta Resolución solamente podrán ser realizados tras acompañamiento previo de, como mínimo, 1 (un) año por equipo médico, conforme PTS”.
Aunque la resolución nunca se haya aplicado a personas que ya estuviesen en acompañamiento hormonal, como consta en el artículo 10 – “Art. 10: Las disposiciones de esta Resolución no se aplican a personas que ya estén en uso de terapia hormonal o bloqueadores de la pubertad” –, hemos sido testigos de ambulatorios trans que impiden que personas trans ya en hormonoterapia continúen sus acompañamientos endocrinológicos. Estos acontecimientos demuestran la fragilidad de eso que consideramos “conquistas” de los movimientos trans organizados, y denuncian cómo la transfobia sobrepasa el ámbito institucional: si a él se limitara, las acciones de los dispositivos de salud dirigidos a personas trans seguirían al pie de la letra la referida resolución, pero la arbitrariedad y la inconsistencia denunciada por los relatos a los que tuvimos acceso muestran cómo dicha resolución solo abrió camino a olas de violencia ya presentes en los escenarios institucionales de salud. No es posible, por tanto, reducir la transfobia al ámbito institucional, teniendo en cuenta que la transfobia va más allá de su institucionalidad.
En este breve ensayo, pretendemos analizar los impactos de esta resolución transfóbica y demostrar que nuestras luchas deben ser internacionalistas, jamás aisladas. Escribimos desde perspectivas trans-anarquistas, que comprendemos como algo transversal, en constante mutación, y que no se termina en argumentos cerrados; algo que rechaza la inclinación a la autopreservación y al conservadurismo típico de los estados y de la política partidaria. Sin embargo, encontramos esta misma inclinación en organizaciones anarquistas. Es en un tono [siempre auto]crítico que escribimos, no en dirección a un colectivo en particular, sino como algo que pensamos en nuestra lucha cotidiana. El anarquismo, como escribió Ibáñez, es movimiento. Es, por lo tanto, metamorfosis, monstruosidad. Algo que se mantiene en un continuo cuestionamiento de sus bases. Escribimos, entonces, por un anarquismo en metamorfosis, o por trans-anarquías monstruosas.
Los sistemas de salud institucionalizados, herederos de un saber biomédico higienista y colonial, se mantienen bajo el yugo de una ontología representacional que centraliza la figura del sujeto, del Humano, en detrimento de las monstruosidades que lo contrastan. Como sabemos, la figura del monstruo no es fija ni inmóvil; es una figura que puede manifestarse en cualquier momento, y que transita de una corporalidad a otra. Es esto lo que nos cuenta Luiz Nazário (1998), al afirmar que el monstruo no puede restringirse a un cuerpo, a una única forma, pues necesita de varias. Su polisemia posibilita que diferentes corporalidades sean monstrificadas y transformadas, con ello, en blancos a ser eliminados o domesticados. El decreto del gobierno peruano es un excelente ejemplo de ello: que sean consideradas como “verdaderamente trans” solamente las personas que cumplan con los requisitos de “domesticación cisgénera”.
Los atributos de la monstruosidad contrastan con los de la humanidad, de modo que lo Humano sostiene su humanidad a partir de la monstruosidad del Otro. La transición del monstruo amenaza la fijeza humana, y es contra esa posibilidad de transición y metamorfosis que el sistema biomédico institucional se moviliza. A pesar de oponerse a toda forma de violencia institucional, encontramos una resistencia a la posibilidad de la transición en el seno de organizaciones anarquistas/libertarias, ya sea por su cisheteronormatividad, ya sea por su apego a cartas de principios jamás actualizadas. Un anarquismo en transición, frente a una especie de anarquismo conservador, es lo que comprendemos como trans-anarquismo.
Sabemos que la posición absoluta de la ley se refleja en un arquetipo de humanidad, de un sujeto que enuncia la verdad sobre el mundo, sobre el otro y sobre sí mismo; que define lo que es orden y lo que es desorden. Como escribió Piotr Kropotkine (s.f., p. 87), “El orden es la miseria y el hambre convertidos en estado normal de la sociedad”. Es un orden que se autoriza a nombrar al otro, transformándolo en Otro; a hacer del mundo un reflejo de su mundo, de su forma de vida; y a hacer de su humanidad el objeto de contraste para todas las cosas, que son transformadas, a su vez, en monstruosidades. Para Nazário (1998), el monstruo surge como antagonista, como enemigo mortal del humano, como amenaza a la civilización – a ejemplo del miedo compartido por la extrema derecha de que las personas trans vayan a “transicionar” a sus hijos. Mientras al monstruo se le confiere el estatuto de Otro, la posición humana se otorga a sí misma el estatuto de Yo, en detrimento de la privación de humanidad de los otros. El carácter amenazador del monstruo propicia el nacimiento y el fomento de narrativas que justifican la necesidad de su exterminio, como se puede observar en la historia de la patologización de la transexualidad y de la disidencia sexo-género.
La historia del concepto de “transexualidad” sigue esta misma línea: sus definiciones oficiales en manuales diagnósticos y códigos de enfermedades sirven como un espejo invertido de la normatividad de género. Tanto el consejo federal de medicina brasileño como el ministerio de salud peruano se sostienen sobre la silueta de la norma, de un Humano que se percibe completo, limpio e inmaculado, y que contrasta con la monstruosidad del Otro. Las personas trans amenazan la higiene y la integridad de lo Humano. “El monstruo”, como escribe Paul B. Preciado (2020, p. 45) “(…) es aquel que vive en transición”, y la humanidad, la biomedicina, los consejos de medicina y los sistemas judiciales son aquellos que rechazan la posibilidad de la metamorfosis, que cultivan la fijeza, la permanencia. Que parecen aferrarse a sus propias “cartas de principios” no asumidas, no-dichas.
Encontramos, de manera contradictoria, ese rechazo en colectivos y espacios que se autodenominan anarquistas/autónomos. Un rechazo a reconocer la imposibilidad de la fijeza. Ya hemos escuchado que un espacio anarquista es un espacio donde habitan anarquistas, pues las relaciones establecidas entre sí naturalmente romperían con el orden vigente, con el autoritarismo gubernamental, con la reproducción de comportamientos sexistas, racistas, de explotación. Evidentemente, consideramos esa creencia una necedad. Nos queda mirar alrededor a un anarquismo que no rechaza la totalidad del sujeto, que no se propone cuestionar sus métodos y las posiciones que sus sujetos ocupan, pues, al fin y al cabo, “¿cómo eso nos afecta?”. En otros términos, percibimos una normatividad en el anarquismo, al menos en nuestro contexto, que parece distanciarse de lo que entendemos como anarquía.
La necesidad – e inminencia – de la metamorfosis parece ser algo que el anarquista español Tomás Ibáñez comprende, aunque con otras palabras. La creencia de que existe una “cultura libertaria”, para Ibáñez, nos conduce a una búsqueda de unicidad, de un camino unilineal, y la unilinealidad es, intuitivamente, totalitaria. La linealidad sintética del pensamiento no presupone la multiplicidad de existencias, como nos señaló Nego Bispo (2023). El saber occidental, en su higienismo colonial, adopta la linealidad como perspectiva totalizante, el plano cartesiano que no permite la multidimensionalidad de la vida. Buscar una unilinealidad libertaria se presenta como un ejercicio profundamente contradictorio. De este modo, corroborando el pensamiento de Bispo, Ibáñez considera peligrosa la “voluntad de cultura libertaria”, y sugiere que pensemos en anticultura; algo que no se predispone a llenar un vacío, sino a abrir caminos, a imaginar otros mundos de manera radical, tal como lo hacemos en relación con nuestras corporalidades.
Es desafiante, sin embargo, escribir sobre monstruosidades, o considerarnos fluidos en una lengua que se propone monstruosa, si solamente logramos comunicarnos por medio del lenguaje de la representación que nos es enseñado, y sin el cual la vida no nos parece posible en un primer momento. Podemos recurrir a neologismos, pero las bases de la representación se mantienen. Al defender la salud trans autónoma, como intentamos ejercer en nuestra cotidianidad, nos vemos impulsados a encerrar nuestras posibilidades de salud en funciones estáticas y protocolares, tal como lo hace el saber biomédico. Al defender la salud trans autónoma, no defendemos, entonces, la disolución de los servicios públicos de salud existentes, sino la descentralización de su poder sobre nuestra autonomía corporal.
Ibáñez (2022, p. 183) escribe que “(…) o la anarquía es mutable o no es anarquía, porque su inmutabilidad negaría el tipo de entidad que es”. La anarquía sería constitutivamente mutable. Como militantes anarquistas, nos esforzamos por romper con la lógica universalista del cistema biomédico. Pero esa ruptura significa, también, el abandono de la pretensión totalizante del Orden, de lo Humano, y el reconocimiento de que nuestras lenguas monstruosas deben, necesariamente, y antes que nada, desorganizarse; deben “(…) hacer un desorden” [make a mess], como escribió Anastasia Murney.
Las decisiones transfóbicas del ministerio de salud peruano y del consejo federal de medicina brasileño expresan no sólo la fragilidad de las recientes “conquistas” del movimiento trans, sino también la necesidad de que nos organicemos más allá de la institucionalidad, desviándonos de los esquemas de la representación. Ese es el esfuerzo que realizamos, tanto como anarquistas, como transgresores de género. Los intentos de cooptación que presenciamos en marchas del orgullo LGBTIA+ – como en la 8ª marcha del orgullo trans de São Paulo (Brasil), patrocinada por el instituto [SSEXBBOX], que a su vez recibe patrocinio del ministerio de cultura y de petrobras – son un buen ejemplo de lo que nuestro movimiento se ha convertido para la máquina capitalista: una tribuna electoral y neoliberal de mantenimiento del Orden – y, para nosotros, de la Humanidad – que tanto criticó Kropotkine.
Otro ejemplo interesante que cabe mencionar es la segunda Marsha Trans de Brasilia, llevada a cabo en la capital del país. Durante la Marsha, que lleva este nombre en honor a Marsha P. Johnson, volvimos a presenciar un escenario electoral en lugar de una protesta. Mientras que la rebelión de Stonewall, en 1969, significó una afrenta contra la policía y las fuerzas represivas del estado, nuevamente observamos en la Marsha Trans de Brasilia a legisladores trans agradeciendo a la policía y a la guardia municipal por su protección.

Foto de transanarquistas con pancartas durante la Segunda Marsha Trans de Brasilia. En la pancarta blanca se lee «Abolir el Estado Colonial». Al fondo se ven el Palacio del Planalto y la Plaza de los Tres Poderes. Fuente: Archivo de los autores.
Al [des]identificar los orígenes de lo Humano y de sus monstruos contrastantes, se evidencian los miedos y fragilidades de una humanidad que se preocupa sumariamente por su autopreservación. Con ello, cuestionamos: ¿de qué se preservan? Ese cuestionamiento se aplica también a las organizaciones anarquistas. Una anarquía en transición es una anarquía de la monstruosidad. ¿Y quién asumirá la monstruosidad sino aquellos nombrados monstruos? ¿Quién romperá con las fronteras de lo Humano en un ansia de metamorfosearse? La metamorfosis, la ruptura de fronteras y la negativa a la linealidad requieren ciertos sacrificios. Asumir la transición es implicarse en su movimiento continuo; es abdicar de perspectivas totales; es renunciar a las suposiciones de completud. Es preocuparse por la preservación, si es que aún podemos emplear esta palabra, de nuestras condiciones de posibilidad de vida; de nuestras formas-de-vida, las cuales “[…] no pueden ser dichas, descritas, solamente mostradas, nombradas, es decir, dentro de un contexto necesariamente singular” (TIQQUN, 2013, §9).
Es preciso constreñir la norma, el Orden y sus esfuerzos de autoconservación, lo que necesariamente denuncia su carácter ficcional-contextual, y este ejercicio puede ser no solo incómodo para la norma, sino también para quien la enfrenta. La búsqueda de totalidad nos fue enseñada como la única forma de vida posible, de modo que nos cuestionemos “¿y cómo nos afecta eso?” en vez de vislumbrar el horror de cómo eso nos afecta. Necesitamos constreñirnos para constreñir el Orden humano. Necesitamos constreñir la propia anarquía, aquella que se pregunta si la violencia contra otros nos afecta. Exponer la humanidad del Yo, exponer su egoidad, debe ser el epíteto de la incomodidad para quienquiera que se afirme – si es que puede afirmarse – anárquico.
Nos parece que es a ese deseo de metamorfosis al que Madelyyna Zicqua (2022) se refiere cuando escribe sobre la “praxis prefigurativa anarquista queer”. Es decir, prácticas de prefiguración que se sostienen por el deseo de existir, a pesar de vivir en un mundo – o, mejor dicho, en un cistema-mundo – que nos impone una forma de vida presentada como la única posible; cuya lengua se asume como medida para otras lenguas; cuyos nombres nos son atribuidos incluso antes de que podamos comprenderlos. Las prefiguraciones anarquistas queer rechazan la inclinación a la autopreservación y la fijeza del Orden y de la forma de vida moderna/colonial. La prefiguración es, por lo tanto, monstruosa.
Desearse monstruoso, entonces, en nuestra perspectiva, es implicarse en un movimiento constante de negación. Ser queer es negar, escribió Edward Avery-Natale (2025). No se reduce a una forma de identificación, sino a una negación intermitente. En las protestas contra el G20 de 2009, en Pittsburgh, manifestantes entonaban: “¡estamos aquí, somos queer, somos anarquistas!”. Al percibir que, de los cientos de manifestantes que entonaban estas palabras, no todos eran, de hecho, queer, Avery-Natale concluyó que sería posible negar y, al mismo tiempo, construir algo en torno a una subjetividad black bloc – habría en curso un reacomodamiento identitario, en que alguien que no es queer podría momentáneamente entonar esa afirmación como si ocupara esa posición. Así como no podemos pensar en sujetos únicamente biológicos, ni únicamente socioculturales, podemos, más bien, pensar en subjetividades en tránsito; subjetividades que tensionan las identidades modernas, caracterizadas por su ilusión de fijeza. Subjetividades que quizás ni siquiera sean de hecho subjetividades, ya que rehúsan la posición de sujeto.
Ante la incoherencia que sentimos al identificar cierto conservadurismo en espacios anarquistas, que se preocupan más por la autoconservación que por abrirse a la posibilidad del cambio; y de la incongruencia que sentimos al salir a las calles para una marcha del orgullo y encontrarnos con el ápice de la asimilación neoliberal, entonces que no nos permitamos encerrar nuestra anarquía tal como la biomedicina hace con nuestros cuerpos; que vivamos en anarquías monstruosas, como cuerpos freaks; y que vislumbremos formas-de-vida sin la pretensión de nombrarlas en nuestra lengua. Tal vez ese sea el núcleo de lo que entendemos por trans-anarquismo: una defensa de las metamorfosis, en su necesaria ruptura con la asimilación, con la ontología representacional, con las llamadas “verdades” de los códigos de medicina y decretos gubernamentales.
Mientras representamos algo aún-por-venir, en el contorno de las posibilidades de futuro que divisamos en nuestro horizonte, rompemos con las identidades que nos son atribuidas y con aquellas que afirmamos para nosotros; y entonamos “somos queer” en medio de un black bloc, porque en ese momento somos la extrañeza, el cuerpo-otro, la amenaza contra el régimen del capitalismo y de la gobernanza. Así es como eso “nos afecta”, en respuesta a la militante mencionada con la cual conversamos. Esta es la respuesta que le damos.
Bibliografía.
BISPO DOS SANTOS, Antônio A terra dá, a terra quer. São Paulo: Ubu Editora/ PISEAGRAMA, 2023.
KROPOTKINE, Piotr. Palabras de un Rebelde. Centro Editorial Presa, Barcelona, sin data.
PRECIADO, Paul B. Yo soy el monstruo que os habla: Informe para una academia de psicoanalistas. Editorial Anagrama, Barcelona, 2020.
IBÁÑEZ, Tomás. Interstícios Insurrectos: Antologia de Tomás Ibáñez. Lisboa: Barricada de Livros, 2022.
MURNEY, Anastasia. Making a Mess: Expanding Anarchist and Feminist Worlds. Coils of the Serpent v. 11, 2023, pp. 67-85.
NAZÁRIO, Luiz. Da natureza dos monstros. São Paulo: Arte & Ciência, 1998.
AVERY-NATALE, Edward. “‘Estamos Aqui! Somos Queer! Somos Anarquistas’: A Natureza da Identificação e Subjetividade entre Black Blocs”. acervo digital trans-anarquista, 2025. https://transanarquismo.noblogs.org/post/2025/03/20/estamos-aqui-somos-queer-somos-anarquistas-de-edward-avery-natale/
TIQQUN. Introducción a la guerra civil. 2013. https://tiqqunim.blogspot.com/2013/03/civil.html
ZICQUA, Madelyyna. Praxis prefigurativa anarquista queer. Portal OACA. 17 febrero 2022. https://www.portaloaca.com/pensamientolibertario/textosanarquismo/praxis-prefigurativa-anarquista-queer/